A veces hace falta dar un puñetazo en la mesa para recobrar la autoridad. Eso le pasa a to-
do el mundo, y del último mono al presidente de EE UU sólo cambia el tipo de puñetazo. El de un presidente de EE UU consiste en hacer una guerra, o, al menos, en amagar con ella para que un enemigo agache la cerviz. Cada día queda más claro que Obama está condenado a hacer algo así, aunque no le guste (lo cual está por ver). El problema está en dar con el enemigo adecuado para echarle un pulso a fondo. Rusia, aunque venga haciendo méritos, está descartada, por su corpachón y por el arsenal nuclear. Con Al Qaeda pasa al revés, no tiene cuerpo y no hay modo de darle. En Iberoamérica, ni tocar. La lista se achica, y al final sólo nos queda Irán. Así que vayamos mentalizándonos para el gran pulso EE UU-Irán antes de que se derritan las nieves del próximo invierno, o de que se derrita Obama.