El periódico Levante-EMV desvela hoy una información en la que se indica que la construcción y el mantenimiento de los primeros 22 kilómetros de la autovía CV-50, que salió a concurso por 213 millones de euros y se adjudicó en 2007 por 161, finalmente se ha presupuestado en 435,2; es decir, casi el triple. No es la primera vez que se produce una situación así. Desgraciadamente, son numerosos los ejemplos en la Comunitat Valenciana en los que el presupuesto inicial de una obra pública termina disparándose —especialmente en las infraestructuras y las construcciones emblemáticas— y obliga a enmendar los presupuestos posteriormente, detrayéndose dinero de otras partidas de inversión que probablemente sean también muy necesarias. Las administraciones públicas, tanto la central como la autonómica o la municipal, deberían ser más certeras en sus cálculos en aras de la transparencia. Especialmente en una situación económica como la actual, marcada por la crisis, el recorte del gasto público y el incremento de la deuda, un escenario en el que el ajuste de las cifras se hace imprescindible. En el caso concreto de la CV-50 —que se construirá con el método de peaje en sombra— se da la circunstancia de que las explicaciones de la Conselleria de Infraestructuras en relación con los sobrecostes se reduce a «es como una hipoteca. Cuantos más años, más pagas».