El PP trata por todos los medios de esquivar que el debate de política general, que comienza hoy en las Corts, derive en un apéndice del caso Gürtel, cuya tormenta política atrapa al PP y se incrusta en su estructura orgánica. El secretario general del grupo parlamentario popular, David Serra, lanzó ayer un aviso a navegantes. Quienes pretendan hacer del debate «un circo van a chocar contra un muro» porque el PP «no va a estar ni en el insulto ni en la provocación». Es díficil, sin embargo, escapar a la lógica política que implantará la oposición puesto que el portavoz del PP en las Corts, Ricardo Costa, es uno de los actores principales del informe elaborado por la policía que entiende sobre la presunta financiación irregular de esa formación política, y su posible dimisión, en consecuencia, se daba ayer por hecha tras su comparecencia en las Corts. Su número dos, el propio Serra, también aparece implicado en las conversaciones grabadas, lo que permite a los socialistas y a los otros grupos de la izquierda una posición holgada a la hora de encarar el debate. Por mucho que el PP plantee iniciativas, aluda a sus nuevos proyectos y pretenda discutir sobre el estado de la Comunitat, es inevitable que el debate de política general se instale entre los ángulos del escándalo político actual. Que toca, por cierto, al propio presidente de la Generalitat, responsable de las actuaciones de su equipo más directo y en una posición delicada. Soslayar las implicaciones del caso Gürtel sería tan irreal como no debatir sobre la crisis económica, la cuestión central que afecta directamente a los ciudadanos.