La verdad es que es muy difícil poner en duda lo que dicen. Cada vez que abren la boca se llenan de razones, al menos para mí. Camps, el primero. El otro día dijo que, de poder, la oposición lo gasearía y que además está llena de marxistas, relativistas y hasta comunistas. Coincidiremos en que podía haberle dicho más cosas. Si no lo hizo fue porque es consciente de que lo que tiene enfrente ha supuesto una piedra angular para que él gobierne tan ricamente, con perdón. También Trillo ha hecho su contribución a la causa y, aunque lo de menos sea lo que ha denunciado en voz alta, tampoco se ha privado. Para él, el informe policial según el cual el pepé valenciano pagaba con dinero negro a troche y moche «es un montaje urdido por la policía de confianza del Ministerio del Interior. En este país, la policía gubernativa, por sí y ante sí, acota una serie de recortes de actuaciones». Da miedo. Ahora ya entiendo por qué el hombre lleva una legislatura y pico escondido. En esta línea, se han cuestionado del mismo modo las actuaciones de fiscales y de jueces, y lo que nadie puede negar es que el presidente de la Generalitat sabe de qué habla. Y, por supuesto, los medios de comunicación han sido puestos en solfa igualmente porque resulta que ahora se dedican a conseguir información sirviéndose de filtraciones. Qué barbaridad. Con lo agradecido que resulta el periodismo oficialiesco, estas ocurrencias no tienen ni pies ni cabeza. Menos mal que cada día que pasa Camps actúa de una manera más sensata y que a Ricardo Costa da gusto escucharlo. Además, las historias que salen tienen su aclaración pertinente por parte de los aludidos. Si los trajes está clarísimo quién los pagó, los actos electorales y las contratas colaterales ni les cuento. Vamos, y lo que nadie cuestiona ya es que El Bigotes es un hombre de provecho. Los demás es que no nos enteramos.