La gente, desde las mesas de las peluqueri?as a las de los altos despachos, se venía pirrando
por esas parejas mediá?ticas perfectas, tipo Brad y Angelina, o Victoria y David (Beckham). Quedan muy atrá?s los tiempos de las grandes parejas asime?tricas y fuera de todo canon, al estilo de la que formaban hace medio siglo Katherine Hepburn y Spencer Tracy, y encima con conciencia de pecado por medio. Aquello era «glamour», y no la vulgar perfeccio?n de las parejas ico?nicas de hoy, disen?adas por ordenador. Menos mal que ahora Harrison (Ford) y Calista (Flockhart), el gran aventurero de alto formato y la fra?gil ardilla urbana, con su neurosis a cuestas, tan desiguales en complexio?n, edad, aspecto y gustos (en sus papeles, claro), predican al orbe la gran verdad de que si no ves en tu pareja algo bien distinto de lo que eres, no llegara?s muy lejos, pues bastante cansado está ya uno de uno.