My name is Jose, tengo una inteligencia límite, limitada, llego al trabajo a las nueve cero cero, soy un trabajador perfecto, casi perfecto».
Jose es Josevi, José Vicente, el chico del anuncio de la Obra Social de La Caixa. Supongo que saben de qué les hablo. En apenas unas semanas se ha convertido en una persona muy popular que reconocen por la calle. Es valenciano, vive con sus padres, trabaja en HDL, la empresa de reparto, y su proeza consiste en que, a pesar de tener una ligera minusvalía, ahí está, dando el callo para ganarse la vida.
Josevi desarma en la pantalla por su naturalidad, una rareza ya que es el medio de la impostura y la apariencia por excelencia.
Hace unos días, con buen olfato, Ana Rosa Quintana lo invitó a su programa. Hasta la curtida presentadora notó que estaba ante alguien que no se dejaba impresionar con facilidad. A Josevi parecía darle igual estar allí, rodeado de público, focos, cables, cámaras, que en su puesto de trabajo, uno más entre sus compañeros. Eso debió pensar el director del anuncio, que se limitó a preguntar para que el chico respondiera mirando a cámara. El resultado, impresionante.
¿Por qué llama tanto la atención, por qué algo tan simple como un montaje que intercala planos medios con primeros planos, sin alardes sintácticos, es tan poderoso? Justo por eso. Por el río sentimental que nos llega sin artificios, porque es un corazón limpio el que toca el nuestro, contaminado por la afectación de un medio en el que prima lo contrario.
La madre de Josevi, a última hora, también fue invitada para hablar con la presentadora, y contó que como madre protege desde siempre a su hijo, pero también como madre le hizo ver que sus carencias no debían amilanarlo. Ejemplar.