Si lográramos desafiar a los cuerpos de seguridad de los jefes de Estado y de Gobierno de medio mundo para poder echar un vistazo en sus agendas, probablemente nos sorprendería encontrar que entre reuniones internas, dudas sobre sus ministros y demás problemas locales, en casi todas ellas se repiten dos premisas como objetivos prioritarios: la crisis económica mundial y el cambio climático. Del primero se está hablando mucho y la padecemos más, y está obligando a reunirse a estos colegas de conveniencia día sí, día también, para intentar atajar esta gravísima coyuntura. Del segundo, la lucha contra el cambio climático, no hay más que ver las distintas cumbres europeas o de ámbito mundial a las que nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes mundiales. Parece que ahora sí, ahora nuestro planeta figura en sus agendas de forma prioritaria. Eso sí, ha hecho falta que nos encontremos en la UVI para que finalmente haya habido una reacción casi unánime y se piense que hay que salvarlo a toda costa para así poder dejar a las generaciones futuras un mundo saludable y sobre todo habitable, respirable y limpio.
En las últimas jornadas hemos asistido a la Cumbre de Nueva York. En la sede de la ONU se ha hablado, una vez más, de la situación en la que nos encontramos después de tantos años de excesos, emanaciones y de mirar para otro lado. Pero lo que me interesa destacar desde aquí es la importancia de lo que todos nosotros podemos hacer en nuestro día a día. Hoy hemos avanzado considerablemente en distintos aspectos, tales como el reciclaje, el ahorro energético, el cuidado de nuestros bosques y aguas o en el uso de energías renovables no contaminantes. Pero queda mucho por hacer.
Muy importantes han sido la Carta de Aalborg como marco de referencia y la Carta de Xàtiva en nuestro entorno territorial. En ambas se hace necesaria la complicidad de los agentes e instituciones públicas locales por la proximidad que tenemos con el ciudadano y la necesidad de transmitirles y motivarles una concienciación social en este ámbito. Desde los ayuntamientos podemos hacer mucho para impulsar nuevos hábitos, para asumir compromisos colectivos, para proceder a cambios de registro que redunden en una mejora de nuestro entorno natural. Procesos de participación ciudadana, como la Agenda 21, que algunos ayuntamientos hemos puesto en marcha hacen que nuestros ciudadanos se sientan partícipes y protagonistas de la gestión diaria. Hacen que nuestros vecinos se comprometan y que junto a los responsables políticos vayamos evolucionando hacia un proceso de aprendizaje de nuevas formas de vida, de nuevos hábitos que harán posible poner nuestro granito de arena para conseguir un mundo mejor. Recuerdo cuando todavía se decía, no sin cierta sorna por parte de muchos, que esto del medio ambiente era de «progres» o ecologistas. Pues miren, no, el medio ambiente es cosa de todos.