Querida Noela: una vez me contaste que un amigo tuyo, jefe de protocolo de un ayuntamiento de la provincia de Alicante, se ponía muy nervioso con la lectura de los artículos de Millás y los míos en los periódicos de Prensa Ibérica. Su nerviosismo me encanta: admiro a Juanjo Millás en todas sus manifestaciones literarias y periodísticas, sólo faltaba que alguien me pusiera a su altura. Lo que supongo le pasa a tu amigo es que debe ser muy de izquierdas, o incluso de extrema izquierda, a pesar de trabajar para un alcalde del PP. Y, claro, tanto Millás como yo, con la edad, nos hemos ido haciendo un poco conservadores, un tanto distantes y a lo mejor poco críticos. En mi caso, te diré, estoy por la conservación sobre todo de la especie humana y de su entorno. Humanos en el buen sentido, claro, y no en el que algunos entienden el término en la Comunitat Valenciana o pretenden ejercer de humanos. ¿Es que Fabra es humano? ¿Y Costa, Barberá y ya no digamos Camps? En fin, es evidente que, como todos, provienen del mono, lo que no se sabe muy bien en qué fase de la evolución se quedaron ni la capacidad de su masa encefálica. Puede que los antropólogos estén perdiendo el tiempo buscando el eslabón perdido. Es probable que les falte una pieza fundamental para cerrar parte del ciclo de la evolución humana. Se trataría de un australopithecus o incluso un homo al que podría adjetivarse de caraduriensis. Sus peculiaridades carecen de originalidad: son un conjunto de atributos chulescos y malencarados que les llevan a negarse a sí mismos, apostarse frente a la ciudadanía como sabelotodos y despreciar a esta como ignorante. Dile a tu amigo que no se pierda una sola línea ni una sola voz de Millás: le ayudará a saber un poco acerca de la evolución de la especie y no enfangarse en el creacionismo.