Hacerse un hueco en un club en el que uno no es bien recibido es difícil, y exige permanentes gestos de adhesión y entusiasmo. Y al final, uno se pone a hablar de integración de inmigrantes, cuando lo que intenta es justificar (o, tal vez, ocultar) su propia deriva personal. En la edición del pasado 30 de septiembre, Jose María Felip responde a un artículo de opinión que hace unas semanas publiqué en este mismo diario. Usando la retórica a la que ya nos tiene acostumbrados, el señor Felip se erige en defensor de lo que él llama «nuevos ciudadanos» y de las políticas de integración que, según él, la Generalidad practica.
Curiosamente, mi artículo se publicó el mismo día en que el propio José María Felip escribía, en este diario, una queja por la intolerable llegada a aguas alicantinas de cuatro pateras. Prueba clara de la esquizofrenia en que se mueven la política de inmigración del Partido Popular y las propias declaraciones públicas del señor Felip. Un día toca ponerse el traje solidario, y al siguiente sacamos pecho y haciendo caso omiso de la tragedia inmensa y universal del fenómeno migratorio africano, ponemos el grito en el cielo por la llegada de ¡cuatro pateras!
De paso, se ignoran el esfuerzo que en estos años han hecho las fuerzas y cuerpos de seguridad en la lucha contra la inmigración ilegal y los importantísmos trabajos diplomáticos que han permitido intensificar la cooperación con los países del África occidental (este año, por vez primera, la ruta del Estrecho ha dejado de ser la vía principal de la inmigración africana). Y, desde luego, se hace un flaco favor a la ya tocada figura de Francisco Camps, que durante su breve época de responsable de la Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana registró las tasas más altas de inmigración irregular.
Por mucha retórica que emplee el señor Felip en su argumentario sobre la integración de inmigrantes, no nos hará olvidar su frustrado intento de introducir el contrato de integración, paralizado por un clamor generalizado de organizaciones sociales y por el propio colectivo inmigrante.
Las políticas activas de inmigración son ignoradas por el Partido Popular a nivel nacional y por el propio Consell. Abran la web de la Generalidad y, en las áreas temáticas, la inmigración ni siquiera aparece como categoría propia. Y Mariano Rajoy sigue cargando contra la excesiva permisividad en las reagrupaciones familiares, tema éste al que aludí en mi artículo, y que el señor Felip omite olímpicamente.
Y no quiero alargarme más, pues el debate está contaminado. Todo está dicho cuando en los presupuestos de integración de inmigrantes (véase el Plan Valenciano de Inmigración) se introducen las partidas de atención sanitaria de los ciudadanos británicos o alemanes residentes en el litoral alicantino. Por cierto, señor Felip, hablando de incumplimientos: ¿para cuando se cumplirá el artículo 5.2 de la Ley de Integración de personas Inmigrantes, y se consignarán en los presupuestos de la Generalidad los presupuestos para integración?
No se moleste en continuar el debate, señor Felip, que sus respuestas ya las conozco y, sobre todo, aprenda las reglas del juego limpio del debate: no hace falta apelar a la ignorancia cuando uno no comparte las posiciones de otro. Aunque tal vez esos modos son un gesto más para ser aceptado a ese club en el que no le reciben demasiado bien.