Hay adolescentes que tienen claro lo que quieren ser, se preparan para ello y saben cua?l es el uniforme para entrar en el club de la gente bien. Otros (vivan o no en Moncloa) no lo tienen tan claro, toman un camino, prueban, se pegan con las paredes, hasta que descubren su li?nea, o que no la hay. Aunque la apariencia engan?a, a veces la ropa es el espejo del alma: la segunda clase de jo?venes suele vestir raro (grunge, go?tico, punk, etce?tera), dejan largas melenas o peinan cresta, y se enganchan un piercing en ceja, labio, lengua o un diente. El piercing es un modo de sujetarse a algo, pues no saben que? hacer con el cuerpo. Las personas mayores, que en general ya han sufrido la castracio?n qui?mica que exige el orden filisteo, suelen burlarse de aquellos signos externos, pero esa burla es un desahogo del mortal aburrimiento de mirarse al espejo y ver la estampita con la que les han timado.