Una vez más el Museo de San Pío V de Valencia vuelve a la primera página de Levante-EMV por culpa de algo tan improbable en un edificio que alberga la segunda pinacoteca de España como las filtraciones del agua de las lluvias que han caído con fuerza recientemente en Valencia. Bien es cierto que en esta ocasión se trata de la parte más antigua del edificio, precisamente la zona a la que se va a destinar una parte del presupuesto incluido en el concurso convocado por el Ministerio de Cultura para la elaboración del proyecto de ampliación de la quinta fase que se ha adjudicado de forma provisional, precisamente, a finales del mes pasado, más de veinte años después de inaugurarse la primera fase de las obras de rehabilitación y ampliación del Museo de Bellas Artes. Las goteras han sido una constante en los últimos años en esa parte y en la zona nueva, las inundaciones, debido al mantenimiento, algo que podría ser perdonable en cualquier otro edificio público, pero nunca en el que aloja tantos tesoros de gran valor, incluso sentimental, para los valencianos. El retraso de la reforma del inmueble atribuible a los distintos gobiernos no es suficiente para justificar este abandono. Capítulo aparte merece la inundación del patio del Embajador Vich, que fue reconstruido en julio de 2006 tras un gasto de 11 millones de euros. Ahora se retoca para evitar inundaciones. Pese a todo, pese a este cúmulo de despropósitos en tantos años, nadie ha asumido, no ya la culpa, sino la responsabilidad.