Un mal en la lejanía es más inquietante que en la proximidad, y puede llegar a ser obsesivo. ¿Será lo que a algunos les pasa con el otoño? En realidad en otoño suele hacer buen tiempo, no molesta el calor ni el frío, los días no son largos ni cortos, y las hojas aguantan en el árbol hasta al menos fines de octubre. Su epicentro, el primero de noviembre, Día de los Muertos en las culturas varias de Occidente, se ha edulcorado tanto, gracias sobre todo al humor negro anglosajón, que se vive con cierto jolgorio. ¿Qué espanta entonces del otoño a esa gente que se deprime cuando llega? Mi conclusión es que la fobia al otoño pertenece al denominado síndrome de las antevísperas, y es una manifestación del pánico a las Navidades, para muchos la negra sombra que está tras el otoño. Son esas personas que cambian de acera al pasar ante una lotería en la que ya se anuncia el número para el gordo.