Yo creo que nos toman el pelo, y nos tratan como a niños bobalicones. Me refiero a los «poderosos», esos «poderosos» de los que habla Zapatero, pero que no son a los que el presidente sube los impuestos. Y es que mientras hay un debate internacional, en que participan los grandes líderes políticos, sobre la necesidad de poner freno a esas primas, bonos y pensiones millonarias de los altos directivos de los bancos, nos encontramos que estos directivos conti-núan haciendo de su capa un sayo, es decir conti-núan cobrando primas, bonos y pensiones millonarias, tan millonarias que resultan una bofetada para los miles de ciudadanos de este mundo que están sufriendo los efectos de la crisis que provocaron desde Estados Unidos unos cuantos banqueros desaprensivos.
Lo cierto es que la crisis la estamos pagando las víctimas, es decir los ciudadanos de a pie, los ciudadanos que no cobramos bonos, ni primas, ni incentivos por trabajar. Porque los gobiernos han acudido al rescate de los bancos con nuestro dinero, el dinero de nuestros impuestos, y, en el caso de España, nuestro Gobierno ya ha anunciado una subida de impuestos precisamente a los ciudadanos de las clases medias, porque los otros, las grandes fortunas, esos tienen su dinero en las «sicav» o en paraísos fiscales, o tienen equipos jurídicos capaces de lograr que no paguen ni un euro a las arcas públicas.
Y mientras todo esto pasa, mientras nos dicen que un día de estos van a limitar el cobro de bonos y primas escandalosas a los directivos de los bancos, aquí nos desayunamos con que uno de los grandes bancos españoles «jubila» a uno de sus directivos con una pensión anual de tres millones de euros. Como el recién jubilado tiene 55 años, echen cuentas.
Naturalmente un banco privado, dirán algunos, puede hacer con su dinero lo que le venga en gana, pero claro, como bien ha dicho el ministro Corbacho, que luego no salgan los banqueros a pedir que se congelen las pensiones o se abarate el despido. Y es que resulta inmoral que quienes han establecido un sistema en el que los directivos cobran cifras millonarias, luego tengan la desfachatez de pedir que seamos los ciudadanos los que nos apretemos el cinturón, los que nos rebajemos los sueldos o los que renunciemos a las prestaciones sociales.
Sin futuro. El nuestro continúa siendo un país que no apuesta por la investigación. De todos los recortes presupuestarios, sin duda necesarios, el menos oportuno es el que a investigación se refiere. No me extraña que los jóvenes investigadores terminen haciendo la maleta para irse a otros países donde la investigación es un asunto prioritario. Y tampoco me extraña que muchos de esos científicos, ya consolidados, rechacen regresar a España cuando desde el Gobierno de turno se les asegura que las cosas han cambiado y que van a apoyar la investigación. No ha sido así ni con los gobiernos socialistas ni con los populares, por más que a los presidentes les guste hacerse la foto con nuestros investigadores de postín.
Un país que no invierte en investigación es un país que no tiene futuro, o al menos es un país cuyo futuro dependerá de lo que «inventen» otros. Me parece una mala noticia que el Gobierno haya reducido el gasto en investigación, decisión que ha sido contestada por un grupo de científicos, pero ¿les harán caso?