Entre el fragor de «la» Gürtel y la fiscalidad de «los» chuches casi se nos despista uno de los aspectos más relevantes de los tratados la pasada semana durante el debate sobre el estado de la región, digo de las enjundiosas promesas realizadas por el presidente Camps en las Corts en materia económica. Más le habría valido a la despistada oposición, que no aportó al debate más que unos gramos de oratoria bien empaquetada por Ángel Luna, prestar atención a unos compromisos económicos adquiridos por el PP que o bien reflejan la antesala de un nuevo y descomunal incumplimiento por parte del presidente o bien la cercanía de un terremoto administrativo que derrumbaría el complejo propagandístico/pesebril montado por ese partido durante los últimos años sobre la trama social de la Comunidad Valenciana, lo cual, de salida, parece improbable. Presionado por la situación económica y política, Camps anunció una marginal aunque inoportuna rebaja de impuestos (está la Generalitat como para reducir aún más sus ingresos, y que no tenga que devolver financiación al Estado porque no s cumplan las condiciones establecidas...), y un potente plan de austeridad basado en recortes de gastos de personal, de funcionamiento, de transferencias corrientes en un 35% y, pásmense, de la racionalización del sector público, un reconocimiento oficial de su deficiente gestión actual. Todo ello salpimentado con el enésimo anuncio del enésimo plan de infraestructuras «estratégicas» apoyado en unas inversiones imposibles de 25.000 millones de euros para el periodo 2010-2020. Con ese anuncio ante el parlamento regional, el presidente ofrecía, gratuitamente, una diáfana hoja de ruta con la que rastrear su gestión en los presupuestos del próximo ejercicio, ya en avanzado estado de gestación. Aunque las cosas como son: la falta de rigor presupuestario ha sido una constante en las administraciones del PP autonómico hasta la fecha y resulta improbable –nunca imposible– una sorpresa ahora en ese terreno.Empecemos por el plan de austeridad, que así, de salida, se antoja peleón. Reducir los costes de personal representa algo más que congelar el sueldo de los funcionarios y de los altos cargos (de recortar los salarios al nivel de la deflación ni hablamos...): supone también no considerar trienios ni otras actualizaciones salariales, no cubrir vacantes ni consolidar contratados, amortizar puestos, aplazar hasta el infinito las oposiciones... en conjunto un severo plan de ahorro (como se hace en el sector privado) que contribuiría a la sobriedad presupuestaria deseada. Pero, ¿se atreverá Camps justo en estos momentos a molestar a los funcionarios y, sobre todo, a sus sindicatos? ¿Sería capaz de soportar un periodo de conflictividad laboral dentro de su propia casa? No parece ser el presidente ese dirigente recto y duro que aplique con firmeza las decisiones que exija la situación pese a quien pese. Vayamos a otro de sus compromisos sobre austeridad: Reducción de transferencias corrientes en un 35 por ciento. Para que se hagan una idea, este año están presupuestados 4.408 millones de euros en este renglón, aunque según todos los indicios y desvíos finalmente a 31 de diciembre rozarán los 5.000. Según el compromiso Camps, el próximo año habría 1.500 millones de euros menos en este capítulo. A ver, por favor, ¿alguien puede informar sobre quiénes se van a quedar fuera de la gran fiesta de las subvenciones públicas? ¿Qué fundaciones, plazas de toros, instalaciones deportivas, asociaciones de vecinos, musicales y culturales... sindicatos (sí, UGT, CC OO, etc), patronales (sí, Cierval, Cev, Coepa, etc), cámaras de comercio y sus consejeros, teatros, bandas de música, organizaciones ultracatólicas, falleras... ¡la asociación de amas de casa Tyrius!, se van a quedar a verlas venir? Si Camps cumple el compromiso ofrecido ante las Corts, un largo rosario de beneficiarios verán disminuir las subvenciones que reciben en una cifra conjunta estimada de un cuarto de billón de las antiguas pesetas, un «shock» para miles de pesebres que en teoría deberían participar con su sacrificio en el saneamiento de las depauperadas cuentas públicas de la Generalitat. De nuevo cabe preguntarse si el presidente de la Generalitat tendrá los arrestos necesarios para cerrar la ventanilla de las subvenciones ante sectores de donde proceden buena parte de sus apoyos electorales. Se trata de un pulso en toda regla entre el Francisco Camps presidente y el Francisco Camps candidato. Apasionante partida con sólo un vencedor seguro (Francisco Camps) y un derrotado probable (las cuentas públicas).
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