A varios compañeros y a algún amigo les tengo observado que les gustan los relojes buenos, grandes o pequeños y, a ser posible, baratos. Un amigo se los compra por el internet de la misma China. Pero ese no es el caso de los políticos y gente parecida. Por alguna razón —Ortifus me dice que son las plumas de la tribu— les da a muchos por los pelucos. Como también dice Ortifus, con esas plumas se les ve el plumero (al próximo le dejo a Toni este espacio para que se explique mejor). Deben ser cosas del ADN o de la misma vanidad. Todos pensamos siempre, claro, en Zaplana, el maestro, la guía de todas esas cosas. Pero no es así; el auténtico Camps gusta de lucirlos, distintos y hermosos, y no te digo Costa. Le cogen confianza y va aumentado el grosor y el precio. Hasta llegar al de la Volvo Ocean Race. Alperi dice que se lo ha regalado a Costa por 6.000 euros. Ahora vas y te lo crees.