En ésas estamos. Por un lado, abrumados por las noticias que nos llegan desde los observatorios que evalúan los vaivenes económicos. La última de ellas, el titular de ayer, recoge el informe de la Comisión Europea en el que se dice que, entre todos los países desarrollados, el nuestro es el único que no logra sacar la cabeza del hoyo. El paro sigue su camino tenebroso hacia la quiebra de una cantidad brutal de familias para las que el problema no es el valor de su cartera bursátil ni la participación en los beneficios empresariales, sino, dicho de la manera más directa y áspera que existe, qué le van a dar de comer a sus hijos de aquí a unos meses cuando los ahorros se evaporen y los conejos ya no salgan más de la chistera del gran embaucador. Lo ha recordado el comisario Almunia, que, en su condición de miembro que fue de un gobierno del Reino de España, bien debe saber qué se cuece por estos pagos: nuestro país no es de los que pasan por los peores momento, pero será el último en ver la luz.
A ese pronóstico que cada vez se percibe como más real se le une la perplejidad al ver qué hace, a tal respecto, el gabinete presidido por el señor Rodríguez Zapatero. Quienes acusan al Gobierno de que no hace nada, yerran. Hacer, hace, pero como gallina sin cabeza que corre a toda prisa hacia ninguna parte. Las medidas que se van soltando a título de globo sonda para ver qué dice la gente (porque eso, lo que dice la gente, parece ser el problema principal) son tenidas por improvisadas y faltas de coherencia desde dentro de partido socialista, nada menos. Es lógico que así sea porque abundan en él las personas sensatas. Pero si los más fieles se inquietan ante la sucesión de medidas al buen tuntún, que tanto prometen el oro y el moro como anuncian que nos vaciarán los bolsillos por la vía de los impuestos, ¿qué no harán los ciudadanos ajenos a los círculos del poder?
¿Pensar quizá en que la oposición de ahora lo hará mejor? Bueno; es ése el fundamento mismo de la democracia. Pero, ¡qué oposición, madre mía! ¿Es lo que sucede en la Comunidad de Madrid con la sanidad pública el modelo a seguir? La divina providencia nos coja no ya confesados, sino con la inyección de la eutanasia a mano. Y eso olvidándonos de los sospechosos –presuntos, claro es– ladrones, pederastas y esquilmadores de los bienes públicos que rondan día sí y día también los juzgados de media España, con los locales de esta ciudad repletos de trabajo acumulado.
Puestos a elegir, que pronto o tarde nos urgirán a ello, ¿qué haremos los ciudadanos con derecho al voto? ¿Optar por los tontilocos o por los sinvergüenzas? ¿Congratularnos quizá de que Berlusconi –único alivio– es italiano? Pero no; nuestros próceres no sabrán qué hacer para salir de la crisis pero creen que lo que dice Il Cavalieri es interesante. Como ejemplo para el frenopático, tal vez. Lástima que a este ritmo, y con las alternativas que se nos ofrecen, allí terminaremos encontrándonos todos.