Un Nou d´Octubre es siempre el marco adecuado para que durante las
celebraciones oficiales del Consell, que se llevan a cabo en el Palau
de la Generalitat, se hable de unión y de proyectos. Una suerte de acuerdo tácito permite de un tiempo a esta parte que la fiesta transcurra de forma muy institucional. No es el caso de este año. Francisco Camps no podrá escabullirse en casi ninguno de los actos del la jornada de los efectos del terremoto Gürtel, que deja fuera de foco problemas como el paro. No recordamos un momento más crítico para el partido en el Gobierno valenciano que el que ahora mismo atraviesa el Partido Popular por el caso Gürtel y su posible financiación ilegal a través de la trama urdida por Francisco Correa y sus ramificaciones en la Comunitat Valenciana. No sólo es que en vísperas de tan señalado día el PSOE reclame insistentemente la dimisión del presidente, ni que hasta el propio Mariano Rajoy admita que Gürtel es un cáncer que le salió al partido que lidera. Es que ya se ha roto la foto idílica que hacía el presidente Camps: «Nos apoyamos todos y eso es muy bonito».
Campsistas y ripollistas reclamaban el miércoles que se sacaran las manzanas podridas del cesto. Ayer fueron dos valedores de Camps como Rita Barberá y Juan Cotino, más el presidente provincial de Valencia, Alfonso Rus, quienes, a su manera, si no a su dictado, le emplazaban a sacrificar alguna pieza. El duelo Karpov-Kasparov está muy reciente. Esperanza Aguirre, sin embargo, no le indicó el camino a seguir. La presidenta de la Comunidad de Madrid se limitó a marcar la diferente manera de actuar que tiene ella ante un mismo problema.