Parece que no es suficiente alguien con solvencia, cercanía, buen rollito, y tablas para que algo funcione en televisión. Jesús Vázquez tiene todo eso, pero el pestiño de su último estreno, Mi familia contra todos, quedó escrito en el frontispicio del fracaso. Ni los anunciados mil doscientos metros de plató, ni las 52 familias, una por provincia, más Ceuta y Melilla, ni los plasmas ni los premios ni las preguntas —¿Burkina Faso es un diseñador italiano ganador de la Aguja de Oro?— consiguieron interesarme. Ni tampoco, qué pesadilla, El Koala, don Manuel Jesús Rodríguez. Desde las promociones del gran concurso por el que apostó la cadena, la presencia de este gañán que alardea, con todo derecho, de serlo, me dio pistas.
Lo que ocurre es que a la misma hora, con más éxito de audiencia, Luján Argüelles abría de nuevo en Cuatro las caballerizas en la granja. Hay varias leonas pintorreadas que no sé si serán buenas o pésimas granjeras, pero si las viera el ya no inmune Berlusconi las tendría en el altar de sus preferencias. Queda claro. Granjero busca esposa tiene más interés que el griterío de las familias reunidas jamás serán divertidas.
Entre los granjeros que buscan esposa hay una granjera que busca a su maromo, pero una cosa te digo, sospecha de alguien que para conquistarte se agarra a Bécquer y, serio, dando por descontando que te tiene en el bolsillo, te suelta eso de que poesía eres tú.
Ni El Koala hace corrales con esas pamemas. Lo que más me gusta de los granjeros son las granjeras descartadas, que al saber que su carrera ha terminado se muestran como son. No diré ordinarias, ridículas al verse arrinconadas vestidas con sus mejores trapos, digo furiosas porque su plan para la fama se vino abajo. Qué lucha.