Aunque lo que me pide el cuerpo es escribir una columna sobre los políticos y empresarios que se van juntos de putas y participan en orgías para celebrar el buen fin de sus negocios turbios, creo que voy a dejarlo para otro día. Más que nada porque soy una cobarde y me da no sé qué poner nombres y apellidos cerca de esa palabra que ya he escrito antes y que rima con fruta, no sea que la cuestión vaya a parar luego a un juez amigo y la culpa de todo caiga sobre los que han opinado del tema. A mí en eso no me pillan. En los juzgados, quiero decir.
Una vez acompañé a una amiga y casi me defeco del susto y eso que yo iba como soporte moral y mi amiga sólo tenía que testificar que el acusado había dicho lo que mi amiga había escrito que él había dicho, que era lo que denunciaba el denunciante. Cosa rara, no había acusado al mensajero sino al que efectivamente dijo lo que dijo, que al fin y al cabo, era una chorrada de esas que lo único que hacen es atascar los juzgados.
Pero igualmente se me metió el susto en el cuerpo y es posible que de ahí me venga esa cobardía. O igual no. Igual ya era cobarde de antes, desde pequeña, porque esas cosas seguro que se llevan en el ADN. Uno nace rubio, o guapo, o cobarde, o político, o putero, o todo a la vez. Ay. Ya se me ha colado otra vez esa palabra. Y miren que no quiero. No porque esté en contra de la prostitución, que no lo estoy. A ver.
Yo de lo que estoy en contra es de las mafias, de la trata de blancas, del abuso de menores, del engaño y de la trampa. A otro nivel, más superficial, también me cabrean bastante los señores que dicen que se van de putas porque no tienen tiempo de ligar, o porque no se atreven a pedirle a sus parientas lo que realmente les gusta en la cama, que les azoten, que les pongan ligueros y cosas así, lo normal. Pero en general, y partiendo de la base de que unos y otros hacen lo que hacen porque quieren, me parece de lo más bien.
Yo he conocido a cantidad de chicas que lo eran (putas) y no tenían trauma ninguno y me consta que más de una arregló los papeles de algún familiar gracias a sus clientes, que es lo que parece que también se hacía en esas reuniones sexuales con señoritas de pago en las que políticos y empresarios celebraban lo de los negocios turbios de las que no pienso escribir ni una palabra. Por miedo. Pero también por pereza, porque llevamos ya tantos meses que si trajes para arriba que si bolsos para abajo, que si relojes, que si coches, que si contratos que si grabaciones, que si la culpa es de Rubalcaba, que si es de Canal 9.
En fin. Llevamos ya tanto escrito, tanto leído, tanto visto y tanto escuchado que ahora lo de las pilinguis me da fatiga. Lo dejo para otros columnistas que seguro que le sacarán más gracia, más punta y más sentido que yo.
Y yo, pues no sé. Para hilar un poco la columna, para aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues puedo contarles que dentro de poco será posible comprar un consolador en cualquier gran superficie. Pero un consolador bueno, de marca, con su batería y sus instrucciones, uno que lo mismo vale para hombres que para mujeres, uno que ha creado una compañía electrónica que igual te diseña una tostadora que una cafetera que un vibrador. Lo representantes de la empresa dicen que estos juguetes estimulan las relaciones sexuales y merecen todo el respeto de las firmas del sector. Les ha faltado decir que también servirán para celebrar el éxito de los negocios, turbios o no, sin que luego te saquen los colores en los periódicos, que según como está el patio no es ninguna tontería.