No podía haber entrado con peor pie el servicio de radares instalado principalmente para detectar la llegada de pateras con inmigrantes ilegales desde el norte de Africa. Después de un subrepticio transporte de hachís, una gran oleada de inmigrantes de casi 40 personas a bordo de cuatro embarcaciones, que arribaron a las playas de Santa Pola y a la isla de Tabarca, puso inmediatamente en solfa el programa establecido por el Gobierno para intentar controlar el flujo organizado por mafias internacionales de personas que aspiran a una mejor vida en España, el llamado Servicio Integral de Vigilancia Exterior (SIVE) con cuatro estaciones fijas entre Cap Roig y Cabo de Sant Antoni y una volante para observar una área de 40 millas.
No se ha aclarado bien pero el caso es que no se descubrió la presencia de todas las pateras y dejó en evidencia que el esfuerzo inversor y táctico no estaba siendo realmente fructífero. Luego hemos escuchado algunos argumentos y circunstancias, como la niebla, que pueden justificar esta «falta de atención», pero todo parece indicar que se trata más bien de la falta de experiencia o poca pericia de los técnicos, que la concesionaria Amper ha puesto al frente de las unidades. El remedio se ha puesto ya con la revisión del sistema y la vuelta de los técnicos más experimentados.
Aceptar el error es el principio de solventarlo. A ningún sitio nos hubiera llevado negar la mayor. Si se está en el buen camino, lamentablemente, pronto se sabrá.