Y Richy cogió su mochila

Pedro Muelas

 01:10  

Ricardo Costa cogió su mochila -seguro que de marca… ¿hay marcas pijas de mochilas?- y se fue el viernes del Nou d´Octubre bajo un soletón de demonios cayendo en la plaza de la Virgen a hacerse el puente en la provincia de León con un tramito del Camino de Santiago y dándole con el cargo en las narices a Francisco Camps, que estaba en plan rebelde y no quería obedecer a Mariano Rajoy, a González Pons que venía con las horas contadas, quiero decir que había contado las horas de fiesta para ponerle, no ya calendario, despertador a Camps para que destituyera al secretario general del PP inmediatamente, a Juan Cotino que busca soluciones y otras cosas para llegar al final de esto y a Vicente Rambla con el gesto de a mi me dejáis que yo no tengo nada que ver.
Costa no deja voluntariamente el cargo principalmente porque está convencido de que no ha hecho nada ilegal y de que, como le dijo a alguien, no ha hecho nada que no lo supiera quien lo tenía que saber. Si el bicho que picó al tren es Orange Market, si la contaminación llega con Alvaro Pérez, él no lo trajo aquí. Es lo que dice su hermano, el hermano de Ricardo. Y lo que ha dicho Ricardo al juez. El Bigotes ya era proveedor en A y en B antes de que él tuviera firma para contratar. Y, en cualquier caso, él sólo le ha dado encarg0s para el PP, sociedad anónima, no para la administración pública.
Orange Market no viene a Valencia cuando pasa todo lo de las trasncripciones que ha hecho la policía de las conversaciones telefónicas. Alvaro Pérez aterriza en Valencia y, pese a que la dirección nacional del partido lo ha tirado de su lado y pese a que Levante-EMV advierte con todo tipo de detalle que está metiendo dinero en paraísos fiscales, no le falta trabajo ¿Por qué no le falta trabajo ni en el partido ni en la Generalitat a Alvaro Pérez nada más arribar a estas costas desde donde tanto morisco fue expulsado? Hay que suponer que porque Francisco Camps le deja hacer… un poco, que no se note mucho. Pérez, Crespo y Correa son desconocidos en la plaza pero no en el PP. Por alguna razón,—¿de amistad? ¿de solidaridad? ¿de qué?— ese señor del mostacho capaz de corromper hasta la Puerta de los Hierros de la catedral encontró en Valencia la tierra de promisión y en un año disparó sus ingresos, para asombro y justificado recelo de los empresarios locales. El, su bigote y dos empleados han hecho más negocios que nadie en el mundo en unos cuantos años a la sombra de Camps y del partido. Con la GV y con el PP y con alguna otra empresa, colaboradora necesaria.
A Costa le ha perdido la estética y la fonética y puede que la ética y ahora está solitario por no querer convertirse en un chivo expiatorio vestido a la última y con trajes a medida. Con él de secretario general el PP ha experimentado enormes avances, le ha montado a Camps y a Rajoy unos congresos y unos mítines de la leche para la historia y si se va, como recordaba en la mañana del viernes, dejará el partido por las nubes y a distancias siderales del PSPV. ¿Y quieren que lo deje voluntariamente aceptando que he actuado mal? Nadie le ha dicho por qué se tiene que marchar. El no ha hecho más que continuar con el proveedor que ya tenía el partido cuando cogió la secretaría general y mejorarlo. Eran otros los que lo contrataban en el Consell. ¿Se va a ir por hacer lo que otros ya hacían? Ni hablar.
Así es que, apuntalado por su hermano Juan, mantuvo el tipo cargado de razón, para sorpresa de los cuatro que le zarandearon durante cuatro horas hace ahora dos domingos. Pues si no quieres por las buenas, por las malas. Siempre hay alguien dispuesto a manejarse en las cloacas. Alguien del PP, un alto cargo por más señas, que ha emprendido las pesquisas para encontrar algo en el pasado de este señorito, se presentó al viernes siguiente en el despacho de un boquiabierto profesor al que, con pocos rodeos, le preguntó si conocía algo de la vida personal de Costa que le pudiera comprometer. El profesor, que ahora tiene cargo docente y que en tiempos de Joan Lerma fue cargo de confianza, todavía no ha cerrado la boca ante tan explícita y sorprendente petición. Pero la búsqueda, el rastreo de «argumentos» que puedan convencer al engominado de Castellò no ha pasado desapercibido, hasta el punto de que una vieja gloria del PP nacional ha preguntado ¿Qué estáis haciendo allí? La cosa no debe ser fábula de Stieg Larsson porque hasta al diputado investigado le han llegado el ruido de las ratas por sus cañerías. Por eso cogió su mochila y se fue para León. Hasta el martes como secretario.... provisional.

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