El caso Gürtel no sólo testimonia el don de lenguas de las nuevas hornadas policiales. España accede por fin a una trama corrupta de diseño, ajustada al dogma people. En anteriores escaramuzas de políticos condenados por sus manejos, Barrionuevo o Vera se circunscribían a una estética de grandes almacenes, que impedía su traslación a géneros más productivos. En cambio, la audiencia saliva ante el éxito previsible de una teleserie basada en los sucesos ahora investigados. Se titulara Correa Corruption.
La serie tendrá un magnetismo paisajístico irresistible, con exteriores en seis comunidades autónomas y otros tantos paraísos fiscales. Sin más que adaptar los 17 mil folios del sumario hasta ahora desvelados, se pueden cubrir las primeras trescientas temporadas de Correa Corruption, que hará olvidar a Stieg Larsson. Nos hemos adentrado en el proceloso terreno del casting, para concretar que el papel de Francisco Correa debe ser encomendado a José Coronado, uno de los actores más infravalorados del panorama estatal. Aunque El Bigotes puede ser incorporado por cualquier persona con un mostacho incorporado, la similitud se aproxima a la identificación en Jorge Sanz.
Desde las antípodas ideológicas, Juan Diego Botto dará vida al relamido Ricardo Costa, Eusebio Poncela a Francisco Camps —salvo que alguien persuada a Javier Bardem de que vuelva a afeitarse la cabeza— y Ana Belén a Ana Botella. Hemos reservado para el final las asignaciones más sorprendentes del reparto. Confiamos en Guillermo Toledo para insuflar vida —en la pantalla, nadie lo conseguiría en la realidad— a Mariano Rajoy. La gomina convertiría a Santi Millán en un excelente Alejandro Agag, y el Fraga de Lluís Homar recibiría tantos parabienes como su interpretación del Rey. A la hora de exponer las reacciones del PP a los descubrimientos sobre la trama, Carolina Cerezuela será una impecable Soraya Sáenz de Santamaría.
No se habrá visto nada igual desde Curro Jiménez. La teleserie Correa Corruption atrapará fácilmente a un veinte por ciento de la audiencia, en especial si se complementa con el sorteo entre los espectadores de los artículos de lujo que fueron obsequiados a los políticos del PP. Además, en capítulos selectos efectuarán cameos de sí mismos los insustituibles Aznar, Briatore y Berlusconi.