Después de anunciarse que el comité ejecutivo regional propondría ayer el cese temporal de Ricardo Costa sin más razones, la reunión que abordó ayer el asunto fue totalmente distinta a como se había previsto, ya que el máximo órgano decisivo del PPCV aceptó las condiciones que puso el secretario general y dejó en evidencia a Mariano Rajoy, quien esperaba una
destitución en toda regla. Después de un duro comunicado por la mañana, que ponía contra las cuerdas a Francisco Camps y a la dirección nacional del partido al insistir en que él siempre ha cumplido las directrices del partido, Costa sacó adelante su propuesta de que dejará de forma voluntaria el cargo provisionalmente sólo si Rajoy acepta abrir una investigación de las cuentas del partido en la CV. La sede de Madrid no contestó a esas condiciones y se limitó a referirse a que Camps les había informado de que Costa había sido apartado también de portavoz de las Corts, cosa que no sucedió. De hecho, el PPCV le replicó a Génova posteriormente. A pesar del embrollo de comunicados cruzados y con distinto mensaje, la solución presentada ayer, después de que notables líderes popularistas reclamaran decisiones drásticas y urgentes que despejaran las dudas que se ciernen sobre el PP, sería lo más parecido al parto de los montes si no significara el triunfo de un hombre, Costa, frente a un partido. Justo lo contrario de lo que se le estaba demandando, incluso desde tribunas afines, a Mariano Rajoy.