Ricardo Costa ha demostrado ser un roqueño de toma pan y moja y que las frivolidades engañan. Por algo será. El Nou d´Octubre, aquella fiesta que parecía un fusilamiento al atardecer, el secretario general cogió su mochila, su novia y un amigo y se fue a hacerle un tramito al Santo Patrono Santiago, en León. Luego, en medio de llamadas telefónicas, «acepta el cese, que es temporal, que te lo prometo», «yo no te he investigado, te lo juro», se marchó a Zaragoza, donde estaban de fiestas por la Pilarica. Santiago y la Virgen del Pilar… contra eso no hay quien pueda. Ni Camps ni el comité ejecutivo regional pudieron doblar al secretario general que entró a la reunión después del comunicado-bomba de la mañana. Encima, Fabra, el auténtico patrón, le dio su apoyo. Así bien puede imponer sus condiciones.