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Los objetivos del desarrollo del milenio frente a la crisis

 
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José María Tomás y Tío

Hace nueve años, 189 líderes del mundo, como representantes de la ciudadanía mundial, firmaron la Declaración del Milenio, estableciendo un conjunto de objetivos para liberar a una gran parte de la humanidad de la pobreza extrema, el hambre, el analfabetismo y las enfermedades, comprometiendo a sus naciones a una asociación global para lograrlos. Establecieron metas, los Objetivos del Desarrollo del Milenio, para lograr la igualdad entre los sexos, la sostenibilidad medioambiental y una alianza mundial para el desarrollo. En pocas palabras, aprobaron un plan para un mundo mejor y prometieron no escatimar esfuerzos para hacer esta visión realidad, fijando el 2015 como fecha límite para alcanzarlos.
A seis años vista, el mundo se encuentra inmerso en una crisis económica sin precedentes por su gravedad y sus dimensiones mundiales, cuyas repercusiones aún no se han hecho evidentes. Los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en estos momentos se ven amenazados por un crecimiento económico lento, disminución de recursos, menos oportunidades comerciales para los países en desarrollo y posibles reducciones de los fondos provenientes de los países donantes. Se calcula que como mínimo, la crisis frenará el progreso en algunas áreas clave, sobre todo en los países en desarrollo y en el peor de los casos, impediría el cumplimiento de los objetivos, lo que sumiría a millones de personas más en la pobreza. Hoy más que nunca, el compromiso adoptado en la Declaración del Milenio de establecer una alianza mundial debe guiar las acciones colectivas de todo el mundo.
Sin embargo, no se puede permitir que un entorno económico desfavorable obligue al mundo a dejar de lado los compromisos contraídos en el año 2000. Por el contrario, los esfuerzos para restablecer el crecimiento económico deben ser considerados como una nueva oportunidad para tomar algunas decisiones difíciles pero necesarias para crear un futuro más equitativo y sostenible. Durante los últimos nueve años se han logrado importantes avances en este esfuerzo global por un mundo mejor. Actualmente, menos personas mueren a causa del sida y más países están aplicando estrategias eficaces para luchar contra el paludismo y el sarampión, dos de las principales causas de la mortalidad de niños. El mundo está cada vez más próximo a lograr la enseñanza primaria universal y se ha avanzado en el cumplimiento de la meta relacionada con el abastecimiento de agua potable.
No obstante, todavía quedan muchas dificultades por superar y que probablemente resulten aún más difíciles en el actual entorno económico. Según el informe anual de la ONU, aunque todavía no se dispone de datos que revelen todo el impacto de la crisis económica actual, ya se pueden vislumbrar las áreas en las que el progreso hacia la consecución de los ocho objetivos se ha invertido.
Es probable que los importantes avances en la lucha contra la extrema pobreza logrados entre 1990 y el 2005 se hayan estancado. Durante ese periodo, el número de personas que vivían con menos de 1,25 dólares al día disminuyó de 1.800 millones a 1.400 millones. En el 2009, se estima que entre 55 a 90 millones de personas más de lo previsto antes de la crisis, estarán viviendo en condiciones de pobreza extrema.
De igual modo, en el 2008 se invirtió la tendencia en la erradicación del hambre que existía desde principios de los 90, debido en gran medida al aumento en los precios de los alimentos. Además, la prevalencia del hambre en las regiones en desarrollo está aumentando, y ha pasado de un 16% en el 2006 a un 17% en el 2008. Asimismo, la disminución de los precios de los alimentos a nivel internacional en la segunda mitad del 2008 no ha logrado que sean más asequibles para la mayoría de la población del mundo. El peso de esta carga recae sobre todo en los niños que viven en las regiones en desarrollo, limitando sus perspectivas de supervivencia, crecimiento y desarrollo. El pequeño progreso entre 1990 y el 2007 en cuanto a nutrición infantil es insuficiente para poder alcanzar la meta en el 2015, y probablemente se vea todavía más deteriorado por el aumento de los precios de los alimentos y la crisis económica.
La actual crisis también puede retrasar el progreso hacia la igualdad entre los sexos, creando obstáculos para el empleo de la mujer. La Organización Internacional del Trabajo estima que el desempleo mundial en el 2009 podría alcanzar entre 6,1 y 7,0% para los hombres y entre 6,5 y 7,4% para las mujeres, muchas de las cuales siguen confinadas en empleos inseguros y a menudo no remunerados.
Otra consecuencia de la situación financiera mundial podría ser que se vean comprometidos los fondos para programas de mejora de la salud materna, objetivo hacia el cuál se han registrado los menores avances hasta la fecha. Desde mediados de los 90, la mayoría de los países en desarrollo han sufrido una reducción significativa en los fondos de donantes recibidos (por mujer) para la planificación familiar, a pesar de la innegable contribución de estos programas a la salud materna e infantil.
No cabe duda de que las necesidades económicas producen igualmente un empeoramiento del ya deteriorado medioambiente, donde la deforestación y la extinción de las especies se está produciendo a ritmos alarmantes y se vislumbra igualmente una crisis mundial de recursos hídricos.Teniendo en cuenta que la mayoría de las economías de los países de la OCDE están en recesión, se va a producir una disminución de la ayuda al desarrollo, aunque algunos quieran disfrazarlos con otras partidas presupuestarias. Para muchos países en desarrollo, la reducción del nivel de ayuda no sólo impedirá seguir progresando, sino que podrá revertir en algunos de los logros ya alcanzados.
Por todo eso, este no es momento de retroceder sino de acelerar los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y fortalecer la alianza mundial para el desarrollo. Si la comunidad mundial responde de manera constructiva a la crisis, los objetivos todavía pueden lograrse. El cumplimiento del compromiso de aumentar la ayuda es primordial. Es igualmente importante velar para que los intereses de los países en desarrollo, y sobre todo de los más pobres, sigan siendo el eje central en las negociaciones comerciales.
La comunidad internacional no puede olvidarse de los más necesitados y los vulnerables, debe fortalecer la cooperación y la solidaridad mundial, y redoblar los esfuerzos para alcanzar los Objetivos del Milenio e impulsar una agenda más amplia de desarrollo. A la vuelta de la esquina está la aprobación de presupuestos por Estados, Organizaciones y Entidades. Nada menos que la viabilidad de nuestro planeta y el futuro de la humanidad están en juego.

Presidente de la Fundación por la Justicia

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