«Son ustedes muy amables, gracias. Y muy agradables.» Algo que me llama la atención de Francisco Camps, en este juego entre pillos, de mentiras, cargos y comunicados, es ese punto de fuga «scout» que le delata en los peores momentos. Ayer mismo se lo decía a los periodistas, sonriente otra vez y sin enclavijar las mandíbulas, tras cumplir la orden de Madrid de defenestrar a su amigo y hasta ayer secretario general Ricardo Costa,y le salió en la reunión del Comité Ejecutivo sintiéndose Gandhi («Con mi silencio moveré elmundo») y apelando a ese espíritu de comida familiar de feliz aniversario: «a mí sólo se me ocurre salir ahí fuera todos unidos y contentos». O «felices y contentos». Es el espíritu ciego de «la fiesta nunca acaba en el PP», ese aire, dicho sea sin ofender, patético del gran actor que se resiste, rodeado de fotos, a ver que su mundo se hunde. Es el único que ve la fiesta. Ni unidos, ni contentos.