El Gil-Albert, dependiente de la Diputación de Alicante como saben, llega a un acuerdo de colaboración para no sé qué con Ángeles Caso, asiste Ripoll a la cena del Planeta después de los años de cooperación de la editorial con el Azorín, y no hace falta que les recuerde quién se lleva el premio. Tras la cena en Barcelona, el ínclito vuelve a la terreta, se despierta supongo y pisa la Universidad para clausurar un seminario titulado «Voces y escrituras del Holocausto», uno de cuyos méritos más destacado es haber estado programado con antelación a los últimos acontecimientos. Tembloroso de placer, el mismo que viste y calza se deja querer una vez más por la otrora canallesca, le perdona la vida a César Augusto Asencio, nuevo secretario general del partido por inseminación artificial, y se pega el gustazo de decir ¡bah!, que la loa de aquél al nacionalsocialismo negando el exterminio, es un pecadillo de juventud que tuvo el «mushasho». Desde luego, Joaquín, hay rachas en que a uno le entran los goles hasta con el culo. Y ése es el peligro. Verte convertido de la noche a la mañana en referencia nacional ante las fatigas que tu organización está pasando por aquí, y creértelo. Ripoll ha debido percatarse del vértigo en el que anda sumido y ayer decidió echar el freno. Después de salvar de la hoguera al chavalín filonazi, le faltó tiempo para asegurar que él comparte las decisiones del presidente nacional y vino a decir, creí entender, que su propuesta inicial en medio del follón de crear un «gabinete de crisis» para salir del atolladero puede reconsiderarse. Si venían disparándole a corta distancia, Ripoll sabe que ahora lo harán desde cualquier lado con morteros de largo alcance. Pero tampoco puede pasarse no vaya a ser que Mariano salga a cantar sus excelencias. Y entonces sí que sabría ya que su final está cerca.