Siendo Conseller de Territorio y Vivienda Rafael Blasco, y bajo su patrocinio, se publicó un importante informe de la Comisión de Medio Ambiente del Alto Consejo Consultivo de nuestra Generalitat, y que, según sus redactores, pretendía ofrecer alternativas de cambio a los modelos de desarrollo ya que, estos últimos «inciden de forma dramática en el funcionamiento de su entorno natural (p.e. contaminación del suelo, agua y atmosfera), en otros casos agotan los recursos no renovables y en general abordan el uso del suelo del entorno desde una perspectiva poco sensible e insostenible en el medio plazo».
He de reconocer, como en ese momento, año 2006, me llegó el libro, y hasta ahora no había reparado en la importancia de sus contenidos. El titulo del informe Estrategia Mediterránea de Desarrollo Sostenibles, es de por sí ambicioso, y sus autores expertos reconocidos, incluso esto para nuestra status. Tras su lectura creo que vale la pena reparar en algunas cosas ya que, pese a situarse en un marco amplio, el del Mediterráneo, nuestra situación estatal y valenciana están muy presentes, es más, hay claros emplazamientos para cambiar de rumbo, o, cambios radicales en política urbanística, turística, de agua y recursos hídricos, de calidad ambiental, de energía…
Los mismos autores del informes, sospechando, como así ha ocurrido, que sus recomendaciones caerían en saco roto, advertían como «el camino hacia la sostenibilidad no es fácil, estará jalonado de inercias sociales y resistencias economicistas, y sufrirá la ausencia de liderazgo político…» y advertían «para que la quimera de la sostenibilidad pueda ir abriéndose camino en la toma de las grandes decisiones políticas y en nuestras actividades cotidianas, será necesario un gran esfuerzo…»
El texto que comento aporta un diagnóstico crítico y ofrece consejos o propuestas más que razonables, reparando en los usos del territorio y el paisaje, el cambio climático, les energías renovables, el turismo, la calidad medioambiental, y la gestión administrativa. Como muestra baste con citar algunos puntos. Así se constata cómo «el paisaje natural genuino del litoral mediterráneo, también, se destruye de forma irreversible por el ritmo masivo de construcciones en la costa» y, cómo ante este injustificado desarrollo turístico costero, se plantean alternativas de un turismo más cultural, lo que implica «conservar los rasgos culturales, y la limitación de un uso turístico destructivo».
Para optar pues a un turismo sostenible «la ordenación de las actividades turísticas debe facilitar el reparto de la demanda turística sobre una parte importante del territorio y de sus asentamientos, sirviendo a la vez como herramienta del desenvolvimiento rural… Las actividades de la naturaleza deben ampliarse en su extensión incorporando los paisajes en toda su dimensión y profundizando en su interpretación, enriqueciendo la información de los mismos y ofreciendo la posibilidad de una especialización de los visitantes, enlazando las actividades científicas y de gestión». Todo ello, con aportes de tipo ecológico, geológico, histórico, cultural agrícola y ganadero, así como recuperando los centros históricos de las ciudades.
Pues bien, el gobierno valenciano pide informes a expertos, invierte dinero, los investigadores hacen su trabajo, el resultado, sin embargo, práctico poco se ve. Los informes se publican, se distribuyen, así se queda bien, pero la práctica urbanística, las decisiones políticas siguen la inercia de siempre. Ahí tenemos lo de Cullera, lo de Denia, o los PAI desmesurados, entre otras tantas cosas. Ahora, que el ritmo constructivo ha decrecido, debido a la crisis, sería oportuno recoger las propuestas de esa estrategia sostenible corrigiendo errores. Quizás sea mucho pedir a nuestros gobernantes valencianos.
Miembro del Consell Valencià de Cultura