Un domingo tranquilo

 02:12  

Pedro Muelas

El president lleva ojeras de muchos días y el vello de la barba se le eriza cuando remueve sus sentimientos, pero se siente fuerte… aunque nadie lo pueda creer. Después de organizar el sainete protagonizado por el comité ejecutivo regional, –aplaudir y no hablar– de tolerar el mayor encastillamiento y rebeldía que se recuerdan en el Partido Popular contra la dirección nacional, de aquel comunicado altivo, ese latigazo final («3. El PPCV lamenta el malentendido provocado por otros comunicados») que le respondió, sin conocimiento del presidente, el ex secretario general a María Dolores de Cospedal a eso de las diez de la noche del martes, y después de rendir la cabeza, finalmente, de su amigo Ricardo Costa, haciéndole ver que lo defendía y a Rajoy que se lo entregaba, Francisco Camps considera que «ya está», que ha pasado lo peor. Encima, el apoyo explícito de Mariano Rajoy para su presente y sobre todo para su futuro como candidato a la Presidencia de la Generalitat Valenciana, –cosa que no se cree ni él– ha zanjado el episodio más grave y chusco del partido con un final aceptable y « prometedor».
Camps lleva bien, con ese aire scout que le caracteriza –unidos, felices– los obstáculos del partido, es su oficio. Pero no tanto las cuestiones personales. El proceso de los trajes, «el infierno de nueve meses», como ha calificado reiteradamente, le han arañado profundamente.
Pero esta semana ha sido buena en ese aspecto. El viernes sacaba cabeza, daba escape a su gran indignación por el corta y pega de las transcripciones de la policía al poder, por fin, responder desde el Consell y oficialmente a lo que considera un plan perfectamente organizado, que durará mucho más, para acabar con la hegemonía del Partido Popular en la Comunitat Valenciana con ese corta-pega de verdades que se convierten en mentiras. ¿Por qué si en Valencia sólo ha habido cuatro imputados y se ha archivado la causa y aquí no hay ningún imputado y sí decenas en Madrid, por qué cada folio que se mira del sumario se tiene que hacer para tirar contra Valencia? Es como él lo ve. Pero las frases no reveladas y ahora sacadas a la luz de Correa, negando que Camps hubiera pagado los trajes y asegurando a su abogado en un encuentro en la cárcel que «nosotros hemos trabajado mucho para el PP, pero nunca hemos dado nada para el PP», le han dado oxígeno en ese frente de batalla hasta venirse arriba y llevar su queja, como primer paso, al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), porque Garzón y la fiscalía no han tenido en cuenta esos episodios que le exculpaban.
El CGPJ es un foro muy interesante para el presidente, «agradable y amable», que le dijo a los periodistas. Allí está-colocó a su amigo el ex conseller de Justicia Fernando de Rosa, que reconoció lo mucho que le debía cuando fue elegido vicepresidente del órgano de gobierno de los jueces. Hasta ahora le ha contestado a todas sus preguntas desde que saltó el escándalo de los trajes. Fernando de Rosa se pasó por el Palau de la Generalitat para dar su visión y en su casa. Pero Camps también conoce al presidente del CGPJ, Carlos Dívar, desde aquella reunión que se debió celebrar en casa del ex conseller en Valencia, en uno de aquellos convulsos días, en aquel atardecer en el que un consejo de notables fue reunido en busca de un camino seguro ante el desbordamiento de las cosas. Allí estaba Dívar ,que aceptó la reunión, pero no en el Palau. Cuando le llegue la queja del Consell no le resultará nuevo el caso.
Así es que con la conciencia tranquila de que no se ha llevado un duro a su casa, de haberse pagado los trajes, de que el único Barbour que tiene está descatalogado y se lo regalaron hace 20 años, de que él no trajo a Valencia a la trama, de que desconocía sus tejemanejes ilegales de contabilidades que escapan al fisco, de que ignoraba que llevaban el dinero a paraísos fiscales, pese a que este diario lo puso a cinco columnas, de que se creyeron que no había nexo entre Álvaro Pérez y Correa, pese a que este diario lo puso a cinco columnas, de no haberle indicado jamás a ningún funcionario ninguna adjudicación, sin haber comido nunca con su «más que amigo» Juan Luis de la Rúa, ni en la casa del magistrado, una sede oficial que paga la Generalitat Valenciana, ni en ningún otro sitio, ni haber tenido más relación que la institucional, de que el partido les pagó legalmente, de que su vida es la misma y sus amigos son los de siempre, de que… Si después de apoyarle Rajoy y de salir a la luz las frases «exculpatorias» de Correa, el Valencia le gana al Barcelona, ya puede tener un domingo familiar tranquilo. A la espera de nuevos folios.

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