Cuál es el lugar adecuado por el que deben transitar los ciclistas por una ciudad? Por supuesto, el carril-bici. Pero ¿y si no hay carril-bici? ¿Por dónde deben de hacerlo? Pocos ciclistas urbanos se atreven a bajarse a la calzada. Se juegan la vida, dicen. ¿Solución? Las aceras. Ahí está el debate, aunque no lo parezca, virulento y enconado, y, aunque no se manifieste en público, muy extendido. Los peatones reivindican su derecho a caminar por las aceras, el lugar natural destinado para sus desplazamientos, sin sobresaltos, ni golpes, ni agresiones, algo que suele ocurrir con frecuencia y que, periódicamente, salta de vez en cuando a las secciones de cartas al director.
En el borrador de la nueva ordenanza de Circulación que se está preparando para su aprobación en el Ayuntamiento de Valencia han desembocado las dos opciones que se discuten: la ordenanza actual no permite que las bicis rueden por las aceras salvo en las zonas habilitadas y señalizadas y los socialistas han alegado reclamando más espacio en las aceras, algo que Alfonso Grau, el primer teniente de alcalde, ha respondido diciendo que sólo hace unos años estaba justificado hacerlo porque los ciclistas eran minoría. Ahora, ciertamente, en la capital ha aumentado el parque de biciclos, habrá pronto 2.500 unidades de alquiler en la calle y a finales de año, 130 kilómetros destinados a este medio de transporte, ideal para nuestras ciudades y saludable en cualquier parte y para todo el mundo. La bicicleta reclama, con todo el derecho, su sitio en la ciudad, y debería ganárselo al coche. Mientras que eso llega totalmente, sólo cabe pedir prudencia y respeto.