La clave tan fundamental como complicada para reducir las emisiones de efecto invernadero es disminuir el consumo de energías fósiles. Una de las alternativas, además del mayor uso de las energías renovables, son los biocombustibles, tampoco exentos de polémicas sobre su promoción debido al impacto ambiental o la competencia con el sector de la alimentación. En este sentido, el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Agroalimentaria (INIA) va a desarrollar -durante dos años y un presupuesto de 11,5 millones de euros- estudios sobre cultivos energéticos no alimentarios y biolubricantes para aerogeneradores a partir de semillas oleaginosas. El INIA pretende fomentará la colaboración internacional en uso de biomasa para fines energéticos, pero también impulsará un conocimiento exhaustivo sobre los cultivos energéticos más sostenibles para España. Por ello, se analizarán las semillas más eficientes, rentables y con mayor potencial energético, teniendo en cuenta diversas variables como las condiciones climáticas o las características de los suelos agrícolas.
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