Dice Ángel Luna, que es hombre inteligente: «A los empresarios les explicaremos que con un Gobierno del PSOE nadie les exigirá pasar por taquilla». La carcajada de los empresarios todavía ilumina varios continentes, de Honolulú a Argamasilla de Alba. La sonrisa de purpurina de los políticos de más de dos años de vida cubre aún los confines valencianos, pueblo a pueblo, banco a banco, de Vinaròs a Pilar de la Horadada. ¿Es una amostazada ingenuidad o un relumbrón de deseo? Los años y la experiencia debería hacernos más comprensible el mundo. En particular, a las «autoridades» que rigen nuestros destinos. Lo que no puede ser es ignorar asuntos elementales que los bachilleres ya guardan en su memoria. Todo político (de izquierdas, aún) tiene una utopía en la cabeza. Y suele morar entre el propósito de cambio y la realidad ineludible. En general, gana la realidad. Pero allá ellos. Para eso son políticos: «transformadores».
Decentes. Dice Jorge Alarte, entre el hervor de las empresas valencianas vinculadas a Orange Market: los empresarios «decentes» de la Comunitat son «víctimas» de la «arbitrariedad, el favoritismo y las políticas de los amigos» en las contrataciones de la Generalitat. O sea, Lubasa, Facsa, Ortiz, Sedesa y las demás –y sus titulares–?son indecentes. ¿No es eso? Habríamos de remontarnos a las raíces del beneficio capitalista –y de los eternos «compromisos» del capitalista con las administraciones del absolutismo o de la democracia– para apartar la limpieza u honradez del microcosmos empresarial y político. El teórico del individualismo liberal, Locke, ya lo dejó escrito. En menor medida que Hobbes, bien es verdad. En el estado de naturaleza, hay guerra de todos contra todos: «el hombre es un lobo para el hombre». Y también hay que llevar cuidado con la «pureza». Los que han rendido culto a la virtud han acabado sembrando el terror. Robespierre, «el incorruptible», no logró separar la política de la moral, ni distinguió entre moral pública y privada. Su Comité de Salud Pública legó miles de cabezas rodando por las calles de Francia. La querella presentada por el PSPV sobre la financiación irregular del PPCV, ¿fluye contra las cinco empresas en cuestión o sólo contra los cargos políticos? En todo caso, ¿por qué evadirlas del embrollo si son indecentes –o no «decentes»–, según los socialistas?