Suele decir el campeón, a quien quiere oírle y leerle, que en el País Vasco sería un héroe. Y yo añado: y le harían homenajes, cenas, entrevistas, recepciones en el Palau de la Generalitat, postales navideñas… Álvaro ha ganado el individual de pelota por décima vez. Si era campeón indiscutible, ahora es el campeón diez. Además, según cuentan las crónicas de Alberto Soldado, frente a un subcampeón gigante e impresionante, al mejor Genovés II hasta el momento. El padre, el gran campeón, fue el primero en felicitarlo para espantar las moscas. Es el campeón por excelencia del deporte valenciano por excelencia. Al día siguiente, Álvaro no tenía resaca, ni tampoco al otro. Se dedicó a hacer lo que hace todas las jornadas de trabajo… a entrenarse. El día siguiente fue un día más para un campeón que había alcanzado un hito histórico. ¿Hay que concluir y resignarse a que Valencia paga así a los suyos?