Caramba con las cifras que acaban de publicar los medios de comunicación! Resulta que, en el presupuesto elaborado oficialmente para el 2010 por la dirección de Canal 9, se reconoce un déficit que nos va a costar a todos los valencianos 5,5 millones de euros, una cantidad muy próxima a los mil millones de pesetas. Si la cifra es realmente considerable, también resulta llamativo que, según se informa, supone 1,6 millones más de lo previsto. De los datos se deduce fácilmente la importancia del descuadre, que no es cuestión de céntimos precisamente.
Si alguien que cobra, seguramente un buen sueldo, por garantizar una buena gestión se ha despistado en ese pequeño pellizco, realmente se merece un aumento de sueldo, aplicando la lógica económica tan absurda como los datos que vamos conociendo. En esta línea de gestión impecable, parece que han aumentado los directivos y los altos cargos han pasado de 21 a 25, presumiblemente como medida estrella para controlar el gasto o como estrategia ejemplarizante en tiempos de crisis. En el cenit de la eficacia se sitúa el pago de 3,1 millones para intereses de los créditos generados por la el retraso en el cobro.
Realmente magistral, de escuela de negocios, todo un ejemplo acerca de cómo gestionar una empresa en la que lo más parecido a los accionistas somos todos los valencianos que asumimos las deudas con nuestros impuestos, pero con una pequeña diferencia: sin voz ni voto en el consejo de administración, y lo más grave es que también sin voz ni presencia en todo aquello que pueda molestar al poder establecido.
Las distintas manifestaciones que han realizado colectivos sumamente cabreados, como las personas en situación de dependencia, los padres afectados por la gestión educativa, funcionarios públicos, sindicatos…, de manera sistemática han sido ignoradas y no han alcanzado el honor de ser consideradas como noticias de interés para el conjunto de los valencianos. Todo ello, sin hablar de las denuncias por la forma de interpretar y reelaborar el caso Gürtel con montajes realmente hilarantes si no fuera tan seria la responsabilidad de un servicio público.
Evidentemente no solo no es gratis ver la tele, sino que los valencianos estamos pagando un precio muy caro por algo que no parece valer lo que cuesta.
Profesor de Política Social. Universitat de València