En la víspera de su comparecencia en las Cortes, Camps confesó ante una representación de entidades benéficas que, además de Jaume I, otro de los referentes en la acción del Consell ha sido, para él, a lo largo de estos años, el padre Jofré. La veintena de visitantes, entre los que se encontraban varios religiosos, escuchó cómo el presidente de la Generalitat les insistía en que la ayuda a los necesitados es el «leitmotiv» de sus políticas.
Cuenta Julia Ruiz que fue tal el interés que despertó entre los asistentes, que el servicio de Protocolo abrió expresamente las puertas del salón donde se reúne el pleno para que Jaume I, quiero decir nuestro monarca actual, pudiera mostrar el lienzo que Joaquín Sorolla dedicó al religioso valenciano del siglo XIV, que también destacó en su época por la dedicación a los más desfavorecidos. Tras comentar a los presentes que había trasladado a sus consellers que tuviera claro que «el fin último de sus acciones son las personas», contó que esa misma mañana había llamado a un amigo cardiólogo para preguntarle cuánto pesa un corazón, lo que le dio pie para cavilar sobre si el forjado del Palau resistiría tanto corazón allí reunido.
Imbuido de ese halo de máximo benefactor de la comunidad que únicamente piensa en las personas, el hombre se presentó en las Cortes a decir que «Costa ha actuado con responsabilidad, con legalidad, con eficiencia y con seriedad, como se está demostrando», despreció a la portavoz de Compromís y auguró que el pesoe dejará el Gobierno de España «por dos ges: los GAL y el Gürtel». Se me había olvidado reseñar que la pintura que con tanto interés mostró y que recoge una escena del religioso en su entrega habitual es la titulada «Padre Jofré, defendiendo a un loco». Algo habría que hacer. Con Sorolla, claro.