Vientos tan fuertes como los que soplaron ayer en muchas áreas del mediterráneo motivan a los lectores a preguntarse por el origen de este fenómeno. El viento consiste en el movimiento de masas de aire de unas zonas de la superficie terrestre a otras como consecuencia de las diferencias de presión atmosférica o variabilidad de temperaturas, en la que influye la distribución del calor del Sol y las propiedades térmicas de la tierra y los océanos. Cuando entre dos zonas la presión del aire es distinta, éste tiende a moverse desde la zona de alta presión a la de baja presión. ¿Y en qué se parece este fenómeno a la pasta de dientes? Cuando presionamos el dentífrico producimos una diferencia de presión entre ese punto y el opuesto; generamos un gradiente o diferencia de presión, como dirían los meteorólogos. Si el viento aparece por una diferencia térmica quiere decir que una masa de aire ha adquirido una temperatura superior a la de su entorno. Su volumen aumenta y disminuye su densidad, con lo que ascienden y dejan paso a las masas de aire más densas y frías.
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