Ahora adquieren otro sentido, o un significado más preciso, las palabras del presidente del Tribunal Superior de Justicia en el acto de apertura del año judicial ante los jueces con las que defendía la independencia de su función frente a las maledicencias, refiriéndose sin duda a lo mucho que se ha dicho y se ha escrito de su papel al presidir la sala y votar en favor del sobreseimiento de la causa contra F. Camps, Campos, Betoret y Costa por recibir supuestamente dádivas de la trama de Correa. «No vamos a caer en el desánimo, por muchas que sean las dificultades que podamos encontrar en el camino.» Así concluyó su discurso, en el que una vez más libró de culpas al Consell y cargó las tintas sobre el Gobierno de Zapatero a la hora de reclamar más medios para bien administrar la justicia. De la Rúa ha sorprendido a propios y extraños anunciando su candidatura ante el Consejo General del Poder Judicial, en competencia, incluso, con el candidato de su propia asociación, Pedro Castellano, el magistrado que él mismo en su día promovió, y que ahora preside la Audiencia Provincial de Valencia. Después de diez años de mandato no parece haber sopesado la trascendencia que pueda tener su sorprendente postulado después de que se le haya descalificado desde todos los rincones en el caso de los trajes. Desde otras asociaciones de la judicatura ya se criticó con firmeza y ahora recuerdan que, en caso de ser reelegido, es más que probable que vuelva a su jurisdicción el caso Gürtel, con lo que volverán a pesar como una losa las palabras que le dedicó Camps: «Tendremos que buscar en el diccionario una palabra distinta para definir esta íntima y sentida relación que nos une.»