Desde que mi vecino, y sin embargo amigo, Vicente Borillo me dio a conocer la música y la voz del Botifarra, después de andorrear por tierras moriscas de Olocau, en la Calderona, allí donde el Castell del Real y, ya en Marines, la alquería de Olla —el vivo ejemplo de la ruina—, seguramente porque uno es, primero, de pueblo y, luego, lo que sea, me pellizcó el estómago. El Botifarra, de boca en boca y desde Xàtiva al resto del mundo, va cosechando éxitos inéditos para el folclore valenciano con un público incondicional. Y eso que anda por ahí sin móvil, sin carnet de conducir, con una libretilla en la mano y sin padrino. Ya se sabe que cantar en valenciano es, en principio, sospechoso. No se pueden hacer una idea los que oyen la «efeeme» cómo funcionan sus canciones por escuelas, teatros, asociaciones y escenarios. Ahora nos presenta el segundo disco y dice que «Te´n cantaré més de mil». Un notición.