Con casi el 20% de población activa en el paro, la industria hundiéndose, la construcción bajo mínimos, y la agricultura machacada pasando cada cierto tiempo por las horcas caudinas de las O.C.M., que otras agriculturas imponen por ser más apreciadas por sus respectivas poblaciones y salen mejor paradas, por la lucha sin tregua en defensa de sus productos. Aquí ya se sabe, un campo de cultivo frente a un ordenador no tiene nada que hacer, sucumbir ante las meninges atróficas de los papanatas pseudotecnológicos .
Por otra parte, la parte inmaterial del problema, nuestra confianza y expectativas económicas están por los suelos y nuestra credibilidad exterior, fundamental para levantarnos con su ayuda de la postración económica que sufrimos —¿quién piensa en invertir en España?— ha desaparecido totalmente entre los negros y talares ropajes, cual burkas afganos, con que nos observan desde el exterior. Además, conjuntan maravillosamente con nuestra situación económica, un 50% peor, sin salir de la recesión, que nuestros países vecinos, todos con el optimismo y el crecimiento ya en marcha.
Asumida pero no digerida la medida de la subida de impuestos por un gobierno de izquierdas, —¡ojo! con Leire Pajín y algún otro con el puño en alto— que pretende que así se levante el consumo, sin apearse del coche oficial, y que sin duda pagarán las sufridas clases medias y bajas. Supongo que se guardan en la manga algún as para la discusión de los presupuestos generales. Quizás consigan ciertos votos reformando ciertas fiscalidades como las sociedades de inversión de capital, en manos de los ricos, y que tanto molestan a la izquierda de la izquierda.
Naturalmente, que lo de las Sicav aparece mal explicado y peor comprendido. Ese dinero que se invierte normalmente ya ha pasado por varios filtros tributarios, las rentabilidades siguen reteniéndose un 18%, pronto un 21%, mientras que las sociedades en sí tributan por el 1%. Medida para fidelizar el capital y que no se nos vaya a otro lado. De todas formas, no tengo muy seguro que sea tema de discusión en el Congreso, con respecto a los presupuestos y obtener ayudas para sacarlos adelante.
Perdonen, pero el dinero, así en grandes cantidades, impone mucho, y hasta el señor Boyer, de cuyo talento económico no cabe duda, inventó lo de las Sicav para que las grandes fortunas se quedaran en el país, y no se nos fueran a las islas Caimán, por ejemplo, y sólo nos quedara una presencia testimonial de la riqueza. Además, en confianza, tampoco hay tantas grandes fortunas en esta nación. La prueba es que los que superan el mínimo exigido para tener una sicav —pues aunque se exijan los 100 socios, unos ponen dinero y otros el nombre, supuestamente—, que es de 2,4 millones de euros, están contados con los dedos de una mano. El resto está arañando la cantidad exigida. Existen unas 3.300. Los principales partidos políticos se pusieron de acuerdo en 2004, cuando Hacienda quiso meter mano, en que se abstuviera de intervenir en las empresas de los ricos. Zapatero ya estaba en la Moncloa. No comment.