Va a haber un cambio sustancial en la política valenciana del PP. Hasta ahora el presidente del partido, Francisco Camps, marcaba los tiempos y la dirección a seguir y difícilmente aceptaba sugerencias, vamos, ni oía a los que le podían hablar, de tan encerrado que está. A partir del escándalo Gürtel, el informe policial y el consecuente sainete de la dimisión-destitución de Ricardo Costa va a tener que hacerlo consensuadamente con los barones, Rus, Fabra y Ripoll —¡glups!— por expresa indicación de Mariano Rajoy… o no lo hará, con lo cual ya veremos. Camps y el partido no está pasando una «ponentà» como les explicó a los militantes de Castellò el viernes. Está entrando en el corredor de la muerte. No se me ocurre mayor desautorización del presidente del Consell y del presidente de la Generalitat Valenciana, que los presidentes provinciales del PP y de la respectivas provincias, con firma en BOP, reconozcan más o menos —y lo cuenten— que se están reuniendo, que lo están haciendo con consentimiento y el aliento de Madrid y que le digan, aunque no a la cara, que tiene que cambiar al portavoz que acaba de poner en las Corts, al secretario general que acaba de darle al partido y que — ahí va el apretón— forme un gobierno más fuerte — «sense Visente Rambla, per supost»— y que se deje de leches y de «amigüitos»… que «si esto sigue así te hundes y nos hundimos todos, Paco» .
¡¡Ua!! ¡Qué fuerte! Nunca se había vivido nada parecido a esto que le estamos contando estos días. «La decisión de Sophie» —qué guapa se le ha visto a Meryl Streep en Roma— es una broma. Con tantos hijos, hijas, amigos y amigas que tiene en su corazón…
Asumir todas esas cosas y directrices que los barones le van a proponer a la cara, sin rubor, y además sobre el tapete público, supone, como digo, un auténtico corredor de la muerte para el president. Sería la evidencia de que ha perdido parte de su autoridad y el respeto en el seno del partido, que ya no controla la organización, que el mango lo tiene ahora Madrid a través de sus barones — no enfría nada el hierro el hecho de que conozca los encuentros «sectoriales» en casas de unos y de otras de Rus-Fabra-Ripoll— que Rajoy le ha puesto en cuestión la confianza, que tiene que decir a Ricardo Costa que se olvide de su promesa de que su relevo era provisional y que ahora será provisional para toda la vida, supone quitar a Vicente Rambla mas del foco público por lo que pudiera venir todavía de los papeles de Garzón, supone relevar también a Juan Cotino, por más renuncias que haga de que no le dará más contratos a las empresas de su familia, y ¿quitar a Gerardo Camps?, el único que, a sabiendas de lo golfos que eran estos que venían de Madrid, no les dio ni los buenos días mientras otros sí que lo hacían.
Derribar su castillo de naipes, nuevo secretario general, nuevo portavoz, nuevo Consell, sería, sencillamente, aceptar que lo ha hecho mal, que las cosas van mal y, por supuesto, que su posición no sólo es débil, peligra… Como presidente del Consell y del PP. Si lo acepta, porque lo acepta, y si no lo acepta, porque no lo acepta.
¿Pero , entonces quién dices que me va a decir a partir de ahora a mi quien debe ser conseller o quién no de mi gobierno? ¿Y con quien tengo que hablar para tomar las decisiones, dónde debo trasladar el despacho del Palau de la Generalitat, esa estancia que tiene el privilegio histórico y simbólico de abrir sus dos hojas al paso del president? Las reuniones del triunvirato han sido, en si y por si, un empujón más hacia la salida. De hecho ya en septiembre, antes de que saliera a la luz pública el informe policial y los 14.000 folios del caso Gürtel, antes de la loca noche de los comunicados blancos, ya habían empezado los encuentros en busca de ofrecerle sugerencias a Camps y «entre todos lo convencemos» para enderezar el rumbo. Ahora, con Madrid como refuerzo, de las sugerencias se va a pasar a las exigencias.
Pero le va a costa… y mucho. De momento piensa que esto es una «ponentà» que pasará y que no le faltan razones para resistir porque aquí no hay nadie imputado, se archivó el caso de los trajes y todas las adjudicaciones se han hecho legalmente. (De hecho en La Moncloa, —esa coincidencia tiene gracia— respondieron al contraataque de Camps — la conversación telefónica de un contacto en la Moncloa que se compromete a ayudar a la trama— con los mismos argumentos, lo buenos, que el president: todas las adjudicaciones son legales .) Pero en este punto ya de igual que todo esto sea real o no, los suyos, todos, le exigen un gesto y ya no puede marcar los tiempos ni esperar a que pase la «ponentà». Si cae él, cae Rajoy. Ja.