Frente a la expresión cabeza de turco prefiero la de chivo expiatorio, más en nuestra tradición judeocristiana. El cabrón (con perdón) de nuestros pecados se llama Ricardo Costa y tiene lo que el poeta Pere Quart llamaba «una testa d´escaparate», es decir mucho más mona que la del macho cabrío y atusada hasta en el vello de la nuca. Sin embargo detecto ciertas señales de ensañamiento con el pobre señor Costa y ha estado muy feo eso de ponerlo el último de la fila en Les Corts, como si hubiera eructado en clase o pellizcado el culo de la profesora de latín. A ver si vamos a tener que crear la plataforma Salvem Ric.
Un poco de justicia es, según Robert Graves, a lo más que podemos aspirar, pero no confundamos la restricción política y judicial con la ignorancia. La teoría del límite es de aplicación a la convivencia y a la salud mental. Y a nada más: viva el conocimiento y que afloren, siguiendo de nuevo al señor Graves, todos los venenos que nos acechan en el fango. Costa es un recién llegado al jugoso tomateo que organizaron invitados de segunda fila a cierta boda de El Escorial en tiempos de don Pelayo, uy perdón, quería decir de Josemari Aznar. Y no hemos de parar hasta saber dónde tenía cada cual el cipote el día que se cruzaron las líneas de la escucha policial con el tráfico y evasión de divisas, la compra de voluntades, los untos y dádivas.
A Nuestro Amado Líder le ha tocado un juez con fama de insomne como Garzón. Menos mal que le queda el señor De la Rúa. El Tribunal que preside de la Rúa, atendiendo las mayores urgencias morales que tiene planteadas la patria, acaba de ordenar el cierre de un repetidor de TV 3 que deja sin servicio de catalanización a la carta a más de un millón de catalanizables. TV 3 (yo la veo en Internet) estaba en el espacio radioeléctrico antes que la mayoría y aplicando el símil hidráulico, tiene derechos de riego preferentes sobre otros. Si Eliseu Climent contrata a un buen abogado de los regantes –son caros, listísimos y un poco cabritos–, tiene el pleito ganado.