Bien mirado, la vida misma es una recesión, pero mientras unas cosas retroceden, otras avanzan. El propio cosmos, de aspecto tan imponente y poderoso, está en constante recesión, tiende a equilibrar sus puntas de energía y se vuelve más acomodaticio y menos violento. Si esto le pasa al macrocosmos, ¿cómo no le va a ocurrir al microcosmos corporal?. En el nivel terráqueo, que viene a ser equidistante de macro y microcosmos, están en recesión los casquetes polares, la biodiversidad, buen número de especies y las masas forestales. Sin embargo con la recesión mundial del PIB -un indicador que no deja de ser el medidor de la depredación de la naturaleza por el sistema económico- se habrá salvado de la extinción alguna especie, o al menos disfrutará una prórroga. O sea que lo que vemos como catástrofe económica, para otra parte de la vida de la que formamos parte es motivo de esperanza.