Al final va a ocurrir con el tren de alta velocidad de Madrid a Valencia lo mismo que con la autovía A-III. Un gobierno recién elegido de José María Aznar acertó a desenredar el nudo de la carretera a la altura de Contreras, y dar a Valencia una autovía que se venía reclamando al gobierno socialista desde hacía años y que nunca terminaba. Eran los tiempos en los que el ex presidente puso de moda aquel estilo expeditivo de «teníamos un problema y lo hemos arreglado». El resultado fue exitoso. Después, el gobierno del PP se atascó, por decisión política, con el proyecto del AVE a Valencia y dirigió sus esfuerzos hacia otra punta de España. Ha sido el gobierno de Rodríguez Zapatero el que ha puesto toda la carne en el asador, como han reconocido los líderes empresariales valencianos, para hacer que entre en funcionamiento en 2010, posiblemente raspando el final de año. Cuando eso llegue habrán pasado nueve años desde que se alcanzó el pacto de Murcia entre Zaplana, Gallardón y Bono. Otro acierto político. De esos nueve años, cuatro serán los que hayan puesto en marcha la línea. La descomunal obra de la alta velocidad, con unas dimensiones de vértigo, parece haber llegado ya a la recta final. Si no surge ningún grave inconveniente, la gran maquinaria organizativa y de ejecución habrá cumplido. Una prueba más de que, cuando se unen voluntad política, incluso con cambio de gobierno, financiación y capacidad técnica, los objetivos sociales se cumplen.