La superioridad del sistema binario estriba en su semejanza con la vida misma, una larga cadena de opciones entre hacer una cosa o no hacerla. Esas decisiones van a parar a un almacén, donde se mezclan y compactan con todas las anteriores. El resultado es el carácter, que influye en las opciones siguientes, etcétera. Hay decisiones sencillas que pueden cambiarnos la vida, o la de otros, aunque no lo sepamos. Dan Brown, autor de El Código Da Vinci, afirma que estuvo un año estudiando en Gijón, donde se enamoró de una chica llamada María, que le dio calabazas. Añade que de haberlo aceptado se habría quedado en Gijón. Tal vez entonces, sumido en la grata vida de provincias, su vida literaria hubiera sido otra, o ninguna. En este caso deberíamos El Código Da Vinci, y su rehabilitación de María de Magdala, a la decisión binaria de la María de Gijón, caso de que ésta haya existido.