Qué quiere decir un político cuando dice «menos política y más economía»? La verdad es que parece una paradoja que provoca tanta perplejidad como escuchar a una prostituta afirmando «menos follar y más trabajar»; a un cura predicando «menos rezar y más ir de compras» o a un periodista proponiendo «menos leer los periódicos y más cualquier otra cosa». Pero ¿qué quiere decir un político como Camps cuando dice que «hay que dejar de hablar de política y concentrarse en la economía»? No voy a contestarme. Pero ¿por qué contrapone política y economía cuando las relaciones entre ambas son tan evidentes y necesarias? Y ¿no es la crisis económica que padecemos, conocidas las causas que la provocaron, una prueba suficiente de que hace falta más política y menos economía, de que la cabra loca de la economía necesita del perro pastor de la política para que no nos despeñe en un abismo? Más política.
Existen compromisos o contratos que no se deberían suscribir: aquellos que obligan a renunciar al uso crítico de la razón y a la libertad de cambiar de opinión para mejorar o rectificar cuando descubrimos que nos hemos equivocado. Si uno lee con atención el breve comunicado que los tres tenores (Rus, Fabra y Ripoll) le dirigen a la opinión pública en apoyo del arriba mentado, se encuentra con un claro ejemplo de manifiesto imposible: «Los tres presidentes manifiestan que apoyarán siempre todas aquellas actuaciones que, tanto a nivel de partido como de gobierno, realice el presidente en cualquier momento». ¿Siempre? ¿Todas las actuaciones? ¿En cualquier momento? Este manifiesto de la mano en el fuego huele a mentira. Olería peor, de ser cierto.
Mientras los analistas comentan la precaria situación política de Camps, el otro día nos sorprendió a todos en la presentación del Ágora con una propuesta de futuro a largo plazo: «Aún tengo un sueño por delante: unos Juegos Olímpicos». Algo así como para 2024 o 2028, supongo. Seguro que cuenta con el apoyo de Rus, Fabra y Ripoll. Se trata, sin embargo de un sueño prestado: un sueño de alcaldesa, un sueño de ciudad. Un sueño de diván de psicoanalista.
Hay un ingenio superficial excesivamente pegado a la imagen: «la pantera rosa», «el jamonero», «la peineta» para referirse a la escultura o los puentes. Hay otro ingenio que remonta el vuelo y provoca la sonrisa. El otro día me enteré de que a la Ciudad de la Justicia le llaman «Massajutges» y de que ciertas dolencias no se deben a la enfermedad sino al ADN (Any De Naiximent). Gràcies per la propina.