La España cañí

 

Francisco Mora

Por fin Rajoy y Zapatero parece que se han decidido a interpretar la escena del sofá del Tenorio. Que bien podría desarrollarse así, dada la calidad política de ambos personajes. Don Juan, don Juan, mirad que soy doncella... Con doña Brígida Rubalcaba ojo avizor, por si se agrian las cosas y tiene que gritar «¡Fuego!» «¡Fuego!», para acabar con la reunión. El resultado que cabe esperar de la conversación entre dos que van de listos y tratan de engañarse el uno al otro es perfectamente descriptible. Sólo puede ser el de la riña de dos novios enfurruñados, a los que no les falta más que el «devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás», para interpretar la ruptura con letra y música de Quintero, León y Quiroga. Son las cosas del querer, que como se sabe «el querer llega de pronto sin saber cómo y porqué» Y algunos quereres ni siquiera cuajan. He aquí la muestra: «Están clavadas dos cruces en el monte del olvido/ por dos amores que han muerto sin haberse comprendido». España cañí...
«Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedido/ contigo porque no vivo y sin ti porque me muero», le susurrará Zapatero a Rajoy mientras este le canta por lo bajini «la bien pagá». Pero atención, no hay película sin anuncios publicitarios: «¿Creías que tu casa estaba limpia...? Yo la limpio con Garzonistol y mis chorizos relucen más que el sol», replica el baranda de la calle de Génova harto de tanto lirismo estéril. ZP lo mira de reojo y se arranca zarzuelero él, con el «Caballero de gracia le llaman...» y el otro le retruca: «Ojos verdes, ojos verdes, verdes como el trigo verde y el verde verde-limón...» A lo lejos se oye la voz de Lluis Prenafeta haciéndole coro al alcalde santacolomeño Muñoz, ¿hijo del Muñoz alcalde franquista?, que recita: «Cuan presto se va el placer y como una vez pasado parece que da dolor...» Campoamor se retuerce en su tumba ante el vil aprovechamiento de sus celebres «Doloras», y a Jordi Pujol le tiemblan las nalgas ante la perspectiva de que se continúe tirando de la manta en su «dolça Catalunya». Y surge de ultratumba el vozarrón de Tip, que grita a palo seco: «¡La semana que viene seguiremos hablando del Gobierno!». Zapatero se cansa de tanta coña marinera y sin nada de mayor fuste que tratar pronuncia solemne: «Ite misa est». Y doña Brígida acompaña al visitante hasta el limite del término municipal y le tira cuatro cantazos rodaos, por el gusto de verlo correr. «¡A ver si así se mueve, coño!...» Puritita España cañí...
¡Cielos, qué políticos nos han tocado en suerte este comienzo de siglo y de milenio! Los cambio sin ver. Todo el censo parlamentario y las juntas directivas de los partidos en liza con Zapatero, Rajoy, Llamazares, Montilla y Carod Rovira a la cabeza, por Adolfo, Felipe, Santiago, Pujol y Heribert Barrera. Y de propina les doy la momia de Lenin y el brazo incorrupto de Santa Teresita del Niño Jesús. Es más, ni siquiera los quiero. Les pago el viaje al país de irás y no volverás, y la patria me lo agradecerá.
Que tu gente son unos chorizos, que más son los tuyos, que tu plan de salvación económica es letal para España, que peor es el tuyo que no tienes ninguno, que no sabes mandar en tu partido, que menos mandas tú en el tuyo, que tu vicepresidenta tiene menos carne que un telegrama urgente, que tu portavoz parlamentaria ha abusado del «botox» y se le han puesto los morritos como inflamados de comer brevas verdes. En fin, lo de siempre. Y la casa sin barrer. Millet paseándose por delante del Palau de la Música de Barcelona, silbando el «baixant de la font del gat» y Maciá Alavedra en la trena, tarareando unos ratos el «mejor quisiera estar muerto que preso pa toa mi vía en esta penal del Puerto/ Puerto de Santa María...» y otros soñando que se despierta libre y sin cargos oyendo «El cant dels ocells» interpretado al violonchelo por Pau Casals, cuya letra es de su señor padre. Que si levantara la cabeza se le caería al suelo de ver lo chorizangano que le ha salido el niño.
Y la gente sana de Cataluña, que es la mayoría engañada y ultrajada, recitando aquellos versos que compuso Josep María de Segarra al pasar al otro lado de los Pirineos, cuando decidió marcharse a Francia, harto de las gilipolleces nacionalistas de sus paisanos: «Dolça Catalunya, patria del meu cor, qui de tu s´allunya, ¡collons! quina sort». Más España cañí, ahora con ribetes cataláunicos...
Y los dos líderes tan campantes, mientras el ciego toca la acordeón en la esquina y la rubia oxigenada pasa el platillo cantando a voz en grito «dulces capullitos de alelí...» porque el caracol y el español se parecen en que ambos son capaces de morir cantando mientras los asan. A lo lejos suenan las sirenas de los coches policiales. En el primero, de pie en el estribo blandiendo el Código Penal, ora en la mano derecha ora en la izquierda, cruza la ciudad de punta a cabo el juez Garzón. El juez no canta, aprieta los dientes y rezonga para su capote: «A ver quién me va a pagar a mi tanta hora extraordinaria». La cutre y ratonera España cañí, que vuelve por sus fueros...

El puyazo: Enemigos públicos. Quienes vivimos el «cambio» y participamos de aquel festín de libertad y democracia, jamás pensamos que podíamos caer en las garras de unos saqueadores, capaces de robarle las herraduras al caballo de Santiago en pleno galope. La esperanza de una catarsis desde dentro es ya pura ingenuidad. Esto sólo se arregla investigando a todos los cargos públicos, desde el comienzo de la transición, para averiguar lo que tenían antes y lo que tienen ahora. Muchos cambiarían poltrona por celda, con el sello de enemigos públicos. Basta de eufemismos; esto no es «aceleración» de la desvergüenza, es corrupción generalizada. Garzón sólo, pronto quedará desbordado. Un consejo de jueces y políticos honestos, justos y conscientes de su responsabilidad, debería recibir plenos poderes para corregir esta peligrosa situación. La reacción de las gentes de Santa Coloma y de El Ejido fue muy reveladora. En Argentina, cuando lo del «corralito», hubo conatos de linchamiento. La rabia y la necesidad suelen ser un cóctel explosivo...

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  Viñetas de Raúl Salazar

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