Se va olvidando, o casi, aquella costumbre de representar el mito de Don Juan, en alguna de sus versiones, en torno al Día de los Difuntos. Este olvido atenta contra los valores nacionales, y lo digo sin ninguna ironía, pues el de Don Juan, síntesis de Eros y Tánatos, es un mito genuinamente español, y el hecho diferencial más hondo de un pueblo son sus mitos propios. Como en este caso, igual que en el de Don Quijote, el mito se ha hecho universal, deberíamos ver en él una contribución española a toda la Humanidad. Don Juan resulta pertinente incluso bajo el prisma del más militante feminismo, pues, en la mayoría de las versiones, Don Juan, paradigma del machismo más atroz, sufre castigo eterno, y en las que resulta perdonado (como en la de Zorrilla) lo es gracias al salvífico amor de una mujer (una suerte de castración química), que lo somete para siempre en la ultratumba.