El premio Príncipe de Asturias Raymond Tomlinson, inventor del correo electrónico, no tiene teléfono móvil, y dice que usaría el correo postal para enviar algo con seguridad. Leyendo cosas así uno reafirma la convicción de que la religión de las TIC es como todas: buena si sabemos usarla para vivir mejor, mala si dejamos que nos colonice y se haga con el puente de mando y la sala de máquinas. El asunto es que la tecnología es un medio, no un fin. Hay que añadir que, como toda prótesis, hay que ajustarla de forma muy precisa a cada ser humano. Meternos en el cuerpo chismes complicadísimos, cuyo manejo pone a prueba el funcionamiento del sistema neuronal (en general, perdiendo éste) y nos tensa hasta el paroxismo, nunca puede ser bueno. Hay que montar siempre el caballo que podamos dominar. Además, las máquinas son listas, y en cuanto notan que no podemos con ellas se ponen más chulas.