La expectativa creada a lo largo de la semana por el Consell sobre la inevitabilidad de una fusión entre Bancaja, CAM y Caixa Ontinyent no culminó ayer con el anuncio de la alianza, pero dejó todas las cartas encima de la mesa en la difícil partida que afrontan las entidades. Consciente de que la oposición frontal de la sociedad alicantina hace prácticamente imposible la operación ahora mismo, el presidente de la Generalitat optó por no imponerla a sangre y fuego, desautorizando en parte a su conseller de Economía, que había lanzado poco menos que un ultimátum esta semana. Pero advirtió claramente que en ningún caso está dispuesto a permitir una alianza con Caja Madrid, lo que supone un duro golpe para la entidad alicantina, que en las últimas semanas podría haber acelerado sus contactos con la entidad madrileña como salida ante los deseos del Banco de España. De esta forma, Caja Mediterráneo queda poco menos que en un callejón sin salida con la advertencia de Camps de que debe preservarse el carácter local de las cajas. Seguramente a partir de ahora, la fusión con Bancaja deje de ser tan imposible para Alicante.
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