Todas las cadenas han recordado que hace un año por estas fechas Barack Obama se convertía en presidente de EE UU, el primer negro que ocupaba la Casa Blanca. Entre otras cosas, como era de esperar, salvo para algunos cerebros de comino a este y aquel lado del océano, que tenga la piel negra o azul si siquiera es una anécdota, con permiso de Silvio Berlusconi, que al tener empapada la cabeza de viagra enardece a las masas con chistes sobre él y su mujer de un sopor sólo comparable al ridículo internacional.
Pero ha sido La 1 la cadena que más completa información ha dado de efeméride tan importante, por los aciertos luminosos y por las lagunas en sombra que aún no ha tocado el presidente que más ilusionó al mundo.
La noche del miércoles fue ejemplar. María Casado organizó un 59 segundos donde se analizó la figura de Obama. Llevaba razón Luis María Ansón al decir, después de las vibrantes intervenciones en directo de Lorenzo Milá, Rosa Molló, y Anna Bosch recordando lo vivido hace un año en aquel país, que los corresponsales de TVE son extraordinarios, aunque terminaba con sorna lamentándose de que ellos no estuvieran sometidos al implacable rigor de los 59 segundos.
Lleva razón destacando lo extraordinario de esos periodistas, la maestría de sus narraciones precisas, metódicas, rigurosas, un premio escucharlos sin el corsé de sus crónicas de un minuto para los informativos, más interesantes que las opiniones del propio Ansón o el descolocado Álvaro Pombo, también de cuerpo presente.
La noche acabó tarde, hacia las dos, con un reportaje endiablado y emocionante sobre la campaña de Obama desde dentro. Gran televisión, la que te lleva a la cama sin arrepentirte.